El apremio somático

El organismo va a su bola. Tiene razones, miedos, evaluaciones, hábitos, errores, aciertos… Toma decisiones que afectan a aparatos y sistemas a órganos, glándulas… y al individuo consciente.
La consciencia puede ser concebida como el ámbito de descarga de las órdenes cerebrales al individuo, a su conducta.
El individuo actúa, se mueve, mira, piensa… de modo automático, obediente a las riendas de su cerebro.
No siempre el cerebro ordena. Se limita a sugerir, recordar, anticipar estados futuros. Podemos sentir ganas de comer. Es un recado cerebral, una sugerencia. Podemos atenderla o posponerla.
Entre la orden y la sugerencia queda el apremio, la urgencia, la presión a atender el deseo o preferencia cerebral.
El hambre, la sed, las ganas de bostezar, de orinar, toser, rascarnos… puede tener la marca del apremio… Si no se atiende al requerimiento de apremio el desasosiego va en aumento y no se disuelve hasta ejecutar la acción requerida.
Ante el apremio podemos decidir ignorarlo pero sólo transitoriamente. Acabaremos cediendo.
El dolor es un recado somático apremiante. Presiona al individuo hacia una acción registrada en los sistemas de memoria y en el circuito de recompensa como necesaria, beneficiosa. La acción exigida varía entre individuos y entre escenarios en el mismo individuo. En la migraña el organismo apremia a la acción del refugio, el aislamiento sensorial, el lavado gástrico, la toma del calmante o cualquier otro ritual codificado como necesario.
Cuando el apremio es leve, el dolor o el hambre son soportables podemos aportarnos argumentos razonables para silenciar el toque de atención cerebral. Fundamentalmente podemos decirnos que el delicado requerimiento cerebral es inoportuno, innecesario e injustificado.
– Siento un leve dolor de cabeza… No hay motivos para la alarma… No me perturbes con tus miedos, tus recuerdos, tus obsesiones…
Si el diálogo inicial no consigue apagar el recado somático aparece la vía del apremio. El dolor va in crescendo. Ya el individuo anda de voluntad débil, deseando ceder aun cuando hubiera decidido no hacerlo hasta que, finalmente, cede…
– Intenté hacer lo que me decís. Empecé con el dolor… Me dije: no pasa nada… voy a seguir con el ordenador… nada de pastillas… pero el dolor fue a más y tuve que irme a casa a acostarme y tomar el calmante…
Los circuitos del apremio están ahí para tratar de llevar el ascua de la acción del individuo a la sardina del miedo cerebral. La vía de apremio consigue imponer su ley pero eso no impide seguir librando batallas. A veces se gana y otras se pierde.
El conflicto entre lo que el cerebro ordena, sugiere, exige y lo que el individuo decide hacer es complejo. Si el individuo comparte las razones de su cerebro se deja expedito el camino hacia las conductas adictivas…
– Cuando noto el dolor me tomo pronto el calmante y me aíslo… Tengo migrañas. Mi cerebro es patológico. Los genes… No tenía que haber tomado queso… “me sienta fatal” pero me encanta…
A través de la pedagogía podemos influir en las dinámicas del diálogo organismo-individuo. Podemos evitar o reducir los procedimientos de apremio.
Dolor. Insula, cortex cingulado, dopamina, sistema de recompensa… Son áreas cerebrales responsables de apretar al individuo para que se conduzca como creen que es debido.
Cuide esos circuitos. Se calientan con los mensajes del sistema de creencias…
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