Nocicepción. Ni necesaria ni suficiente.

Uno de los nuevos paradigmas del dolor afirma que la nocicepción no es necesaria ni suficiente para que se genere dolor.
Los nociceptores son neuronas que detectan estímulos nocivos. Generalmente, salvo en situaciones de lucha-huída, basta con aplicar un estímulo nocivo (calor frío extremos, estiramiento, compresión…) para que en la zona de aplicación percibamos dolor. Es suficiente aplicar nocividad para percibir dolor.
Dado un estímulo nocivo, la probabilidad de sentir dolor es alta.
¿Cuál es la probabilidad inversa? Dado que sentimos dolor, necesariamente debe haber algo nocivo en el lugar dolorido? ¿Es suficiente sentir dolor para concluir que se da una condición nociva?
La respuesta es un tajante ¡NO!
Dada una percepción de dolor la probabilidad de que algo nocivo esté sucediendo es incierta, en muchas ocasiones baja. No es suficiente sentir dolor para concluir que hay daño, nocividad.
La nocividad produce dolor. El dolor no garantiza nocividad.
Tendemos a pensar de otro modo. Equiparamos dolor a daño (nocividad).
Algo nocivo tiene que estar sucediendo, necesariamente, donde duele.
¡FALSO!
Las propuestas oficiales sobre origen del dolor migrañoso incurren en ese error:
Duele la cabeza luego algo debe estar activando los nociceptores del nervio trigémino. Algo los excita. Es necesario que los nociceptores generen señal para que aparezca en la conciencia dolor.
¡FALSO!
Todas las pesquisas giran en torno a preguntarse por el origen de la activación de los nociceptores.
Se sabe que nada perturba a esos nociceptores (detectores de nocividad). No hay ningún estado ni agente nocivo en la cabeza, ni fuera ni dentro. Sin embargo duele… y mucho.
El viejo paradigma de equiparar dolor y daño (nocividad) debe sustituirse por el nuevo que asocia el dolor a la evaluación probabilística de daño.
Duele, luego el cerebro valora una probabilidad de daño y se activa la alerta. El dolor certifica el estado de vigilancia.
– ¿Qué hago cuando duele?
– Consiga que se desactive el estado de alerta
– ¿Cómo?
– Con la convicción absoluta de que no sucede nada nocivo y que el cerebro está aplicando el viejo paradigma de “duele luego algo va mal”. Usted debe tratar de imponer el nuevo: duele “luego el cerebro se equivoca”.
Una crisis de migraña surge de los sistemas de memoria. No podemos borrar sus contenidos pero sí podemos influir a través de la voluntad y conocimiento sobre la carga emocional que esos sistemas contienen. Podemos eliminar el miedo a una supuesta nocividad y concentrarnos en nuestros planes.
El cerebro urge, apremia al individuo a compartir miedos. El dolor cumple con ese objetivo. Amedrenta.
Cada esbozo de crisis es un escenario de diálogo competitivo entre los viejos y los nuevos paradigmas del dolor y el daño.
Duele…
– ¿Qué hago? ¿Me relajo, me agito, tomo la pastilla, me acuesto, salgo, entro..? ¿Es bueno el yoga, el mindfulness, la distracción..?
Si hay un ritual que consigue aplacar o robar la atención del miedo cerebral probablemente lo aplique para conseguir el sosiego. Puede ser una herramienta válida de transición para en un futuro librarse de ella porque ya no es necesaria…
Duele… luego, sabiendo que no hay nocividad ni peligro, debo dejar de prestar atención al miedo.
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