Grupo de migraña. Dolor y daño

Tercera clase del tercer grupo.
– ¿Habéis estudiado? ¿Habéis leído el blog?
– Algo…
Domina la inercia del modelo terapéutico. Esto son clases: algo que sucede entre profes y alumnos. Los profes explican. Los alumnos escuchan, retienen, reflexionan, estudian… Así debiera ser.
– Sois alumnos. Tenéis que estudiar, trabajar activamente… Aquí no hay terapias…
Abrimos el turno de intervenciones de los alumnos, uno por uno.
Parece que, en general, algo se está moviendo en los cerebros. Hay voluntad de cambiar la conducta de afrontamiento. Intentar no tomar pastillas y decirse: no pasa nada, voy a seguir con mis cosas…
Alguien comenta:
– No acabo de entenderlo. Si me duele, algo pasa. No me encaja ese dolor con “no pasa nada”.
Realmente no se dice que “no pasa nada”. La afirmación es: no está pasando nada amenazante en la cabeza. Es una falsa alarma. No nos referimos a la alarma del individuo por el dolor sino al estado de alarma generado en el cerebro.
Si hay un estado de alarma por una bolsa de deportes sospechosa los vecinos pueden estar alarmados (pudiera contener una bomba y podría explotar y derribar sus viviendas) pero además de esa alarma hay un despliegue de efectivos, han cerrado el acceso, se detienen sospechosos, etc La migraña es eso: las dos cosas: la alarma cerebral por un posible daño y la alarma del individuo por ese estado de alarma cerebral.
Dolor, recordamos, no es igual a daño. Hay dolores terribles (por ejemplo, la migraña) en ausencia de daño y hay daños terribles (por ejemplo un tumor cerebral) en ausencia de dolor.
En la migraña hay mucho, muchísimo dolor pero no hay ningún daño: consumado, inminente ni futuro. El dolor es la expresión de una alarma, una previsión cerebral de amenaza, una incertidumbre sobre la bolsa de deportes.
Lamentablemente los alumnos de Medicina, los futuros profes, salen de la Facultad con la idea de la equivalencia entre dolor y daño, exigible para todos los dolores… “decentes”, orgánicos. A la migraña se le busca la “decencia orgánica” en los genes. Se la mantiene alejada de ese grupo de trastornos poco claros como la fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, dolor generalizado… Se supone que un cerebro migrañoso contiene enfermedad, patología del encendido neuronal, hiperexcitabilidad que hace que un sorbito de champán genere paroxismos de dolor…
No pasa nada… No hay ningún daño. No hay arterias… inflamaciones… moléculas malditas migrañizantes… Es una simple bolsa de deportes con un bocadillo, unos libros…
Aunque no preguntamos sobre cómo les va los alumnos lo comentan. Parece que bien, en general. Menos pastillas. Hay triunfos y alguna derrota.
– No acabo de entenderlo. No he tomado ninguna pastilla. No he tenido dolor. No sé por qué.
Les cuento la anécdota real de mi dentista: sufría migrañas relacionadas con el vino. Había un desencadenante algo enrevesado que no recuerdo bien: sólo si tomaba vino un jueves coincidiendo con no sé qué, se activaba la migraña. Quedé a comer con él y le expliqué “lo del cerebro y el dolor”. De esto hace ya casi diez años… Dejó de tener migrañas tras tomar esos vinos de los jueves…
– Aún no lo entiendo…
Es bueno que el alumno comprenda pero no siempre sucede. Si el cerebro se ha quedado con la información de falsa alarma y hemos infundido confianza puede que se desactive la alarma y, sencillamente, deje de sonar la sirena…
El cerebro tiene razones que no conocemos. Sólo sus consecuencias: dolor-no dolor.
Recordamos objetivos:
No se trata de curar migrañas, facilitar antídotos, pózimas ni ensalmos. Sólo conocimiento, un nuevo marco para comprender y responder al miedo cerebral y al de quien padece sus consecuencias (el dolor).
Hay que:
-
Derribar creencias y doctrinas alarmistas y … erróneas
-
Sustituirlas por el nuevo marco
-
Comenzar a residir en ese nuevo marco. Modificar hábitos de afrontamiento.
Esto son clases. Vosotros sois alumnos…
Tenéis que estudiar algo más… El blog, el libro…
Cristina acaba con las excusas. Les facilita las entradas del blog convenientemente editadas para que se las lleven y estudien.
Como en la Facultad. Apuntes…
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