YO sólo sé...

Dicen que el saber no ocupa lugar pero no es cierto. Ocupa. Los depósitos de conocimiento en el cerebro siempre están rebosantes. La ignorancia no existe. Reconocerse ignorante es reconocer el conocimiento cero. El cerebro siempre sabe, siempre dispone de conocimiento y toma decisiones apoyadas en ese conocimiento. El problema no es de cantidad sino de calidad.
Las decisiones cerebrales se producen en contextos de incertidumbre variable. Por un lado los sentidos (internos y externos) aportan datos sobre la realidad de ese espaciotiempo considerado y, por otro, las memorias del pasado (experiencia) y futuro (predicción) tratan de rellenar los huecos y ambigüedades que la información sensorial contiene.
Un buen conocimiento es aquél que minimiza la probabilidad de error (falsos positivos y falsos negativos) en las decisiones.
El dolor es una decisión cerebral. Un buen conocimiento sobre gestión de dolor es aquél que genera decisiones de dolor y analgesia acordes con el estado actual de los tejidos.
Cada crisis migrañosa es un ejemplo palmario de error cerebral (falso positivo). La decisión cerebral de recluir al individuo en un cuarto oscuro, obligarle a eliminar lo comido y tomar tóxicos adictivos surge necesariamente de un conocimiento de mala calidad, obcecado en el falso positivo, en la falsa alarma sin reconocerla.
El horror al falso negativo condena al alarmismo. El pánico a la muerte nos aleja de la vida.
Un cerebro migrañoso es aquél que opta, ocasional o crónicamente, por ver peligro donde no hay, por si acaso… no vaya a ser que se cuele un falso negativo.
La estructura es la misma que la de los cerebros loteros… capaces de recluir al individuo en una absurda cola probabilística por el pánico al falso negativo de no comprar un décimo que podría tocar…
YO sólo sé que si toca este número… lo tengo…
El saber sobre lotería siempre ocupa un lugar. La ignorancia absoluta también dispone de ubicación.
– ¿Qué número va a tocar?
– YO sólo sé que no lo sé ni lo puedo saber. Soy un ignorante.
– Este año va a tocar el 12345…
No tiene sentido saberse todas las estadísticas, propias y ajenas, sobre sorteos para decidir sobre los décimos. Lo único que hay que saber es la probabilidad. Los datos sensoriales sobre los números, la ubicación del lotero, la carta astral… se integrarán con las exigencias de los sistemas de memoria loteril, con el “conocimiento” acumulado…
– Acabado en 67 ya no me queda nada. ¿Qué le parece este que acaba en 76? Haría un bonito capicúa con el que usted me pide…
Tampoco tiene sentido acudir a un expendedor experto en loterías (Dña Manolita…).
Lo único que debe saberse sobre loterías es que debe ignorarse cuanto se dice de ellas y pasar de largo de las colas. Hay que aprender a despreciar lo altamente improbable aun cuando en ello nos vaya la vida o la fortuna. Eso es todo.
Saberlo todo sobre loterías es fácil: no es posible el conocimiento anticipado del número. Comprar un décimo, cualquiera de ellos, es una mala decisión. No se sabe nada. Renuncie a saber lo que no se puede saber.
– Llevaba varias semanas sin comprar lotería. Estaba encantada… pero esta semana ha sido horrible. He tenido que comprar más décimos que nunca…
Las angustias sobre las crisis de migraña y sobre los décimos de lotería comparten la misma estructura cerebral.
El cerebro decide dolor o compra de décimo. Depende de lo que sepa sobre esas cuestiones. No es un conocimiento frío, racional, sino fuertemente influido por las emociones, por el miedo al falso negativo, a perder la ocasión…
El saber siempre ocupa lugar. La ignorancia, activa o pasiva, también…
YO sólo sé que no quiero saber nada sobre loterías…
Es todo lo que hay que saber…
Comentarios (4)
Los comentarios están cerrados.