El dolor y la Biología molecular.

Recientemente se ha celebrado en el Paraninfo de la UPV una Conferencia sobre dolor y Biología molecular.
Estoy convencido de que muchos de los lectores del blog habrán detectado los graves fallos conceptuales que subyacen en las declaraciones del investigador Baruch Minke.
El investigador israelita se dedica al estudio de los TRP (Transient Receptor Potential), proteínas de membrana que detectan variaciones físicoquímicas diversas y las convierten, a través de la entrada de iones calcio, en señales para la célula. En ocasiones los estímulos que abren estos canales son potencialmente nocivos. Los nociceptores, neuronas capacitadas para sensar lo peligroso, contienen algunos de estos TRP en su membrana. Las temperaturas extremas, dañinas, los activan generándose una señal que viaja hasta el cerebro, lugar en el que asientan las áreas cerebrales de cuya activación conjunta surge la percepción de dolor.
El dolor no es un estímulo.
Repito:
El dolor no es un estímulo.
No existen proteínas TRP ni ninguna otra proteína que detecte el dolor. El único receptor de dolor es un individuo consciente.
Los biólogos moleculares trabajan sobre la base errónea de que el dolor se genera en tejidos afligidos activando unos supuestos “receptores de dolor”. Los TRP serían algunos de ellos. La estrategia está clara: identifiquemos todas las familias de “receptores de dolor” y bloqueémolas con los antídotos moleculares oportunos.
Dice, y dice bien, Vilayanur Ramachandran que el dolor es “una opinión del cerebro”
Como toda opinión es opinable. El cerebro opina y puede equivocarse. Hay dolores acertados, sensatos, productivos y dolores que se corresponden con verdaderos disparates evaluativos. Surgen de la irracionalidad del miedo cerebral al daño.
Frente al disparate cerebral sólo cabe Pedagogía. Si reducimos el problema a moléculas disparatadas y pretendemos matar el dolor con misiles químicos me temo que no sólo tendremos la batalla perdida sino que habremos consolidado el error de opinión cerebral en el intento.
La Neurociencia del dolor no es la Neurociencia de unas supuestas moléculas dolientes. Los organizadores saben que eso es así y hablan de “dolores psicológicos” y de moléculas del sufrimiento anímico. Dicen que al cerebro le llegan las informaciones sobre dolor físico y anímico por los mismos caminos y que esa convergencia explica por qué el desánimo duele y el optimismo alivia.
No vamos bien. El dolor, en ausencia de daño-disfunción relevante, no es cosa que se ventile ni ventilará con moléculas cada vez más selectivas sino con Pedagogía cada vez más ajustada a la Biología, un ámbito que se puede explicar con moléculas pero sólo si a esas moléculas las contemplamos en la trama evolutiva, histórica, celular y sistémica.
El dolor patológico, erróneo, innecesario, proviene de una opinión cerebral errónea. Centremos los esfuerzos en una buena Pedagogía biológica y no hagamos promesas moleculares que nunca podremos ver cumplidas y que, únicamente, contribuirán a generar frustración, error y más dolor.
Dice Vilayanur Ramachandran y dice bien…
¿Cuándo vamos a dejar de pensar en el dolor como un estímulo que aflige los tejidos?
Mañana les contaré lo que sucedió con el primer grupo de pacientes migrañosos del Centro de Salud de San Martín:
Hemos quitado moléculas y hemos aportado Pedagogía en Neurofisiología del dolor…
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