Fibromialgia. ¿Dolor músculoesquelético?

Fibromialgia. Cerebro sensibilizado.
Fibromialgia. “Dolor músculoesquelético”. Masaje. Estiramientos. Ejercicio aeróbico suave, limitado.
Aun cuando todo apunte por conocimiento a que la pelota del dolor está en el tejado del cerebro, se proyecta en los medios la premisa (falsa) de que el dolor y el agotamiento surge de un “músculoesquelético” limitado y sensible, “inflamado”, sin energía.
Parece que los músculos digan con el dolor y el agotamiento que no pueden con las órdenes cerebrales y deseos del individuo. El movimiento no es posible con ese “músculoesquelético” hecho unos zorros.
Los sensores de la nocividad e insuficiencia músculoesquelética emitirían señales continuadas de peligro, de andar en los límites de lo posible. Eso parece…
Para los padecientes el “músculoesquelético” parece que dice: ¡no puedo!
Las evidencias apuntan a que el “músculoesquelético” tendría que poder. Tiene energía, no hay inflamación, no hay peligro ni incapacidad. No se corren riesgos en los tejidos por mover el esqueleto. Las evidencias sugieren que es el cerebro el que genera el problema: ¡os he dicho que no os mováis!
Las padecientes quisieran moverse pero el dolor y el agotamiento lo ponen muy difícil. Piensan que con otro “músculoesquelético” se comerían el mundo. Aprovechan los momentos en los que sus músculos parece que disponen de energía aunque temen que su atrevimiento les pase factura al finalizar la acción. No están convencidas de que sea una cuestión de voluntades cerebrales. Sus sentimientos de dolor y cansancio están allí en el “músculoesquelético”, no en la cabeza.
Para muchos profesionales a las evidencias del cerebro sensiblero, miedica y desconfiado, se llega tras sucesos previos de nocividad “músculoesquelética” mal cerrados o por nidos musculares activos (“puntos gatillo”) que bombardean continuamente las “áreas del dolor” aparentando que esos músculos están al límite de lo que pueden soportar metabólicamente. El cerebro sensible lo es por las quejas continuadas de unos músculos castigados por el estrés, las malas posturas, los malos sueños… Es un cerebro amplificador, solidario, de las quejas musculares.
Para otros muchos no se trata de los músculos sino del propio padeciente que es quien anda sensiblero, catastrofista, desanimado y ¡no quiere moverse! Es el metabolismo del YO el que flojea.
Las culpas del sufrimiento se reparten entre el “músculoesquelético” y el individuo. Para el padeciente es el “músculoesquelético” y para los profesionales el propio padeciente.
– ¡Quiero pero no puedo!
– ¡Puedes pero no quieres!
Realmente es el cerebro el que mantiene el conflicto. Aparentemente el “músculoesquelético” no puede aunque nada impediría que trabajara sin problemas para atender una agenda razonable. El cerebro activa el programa que invita-obliga al individuo a decidir no moverse. Es un programa emocional de miedo somático al daño y/o fracaso, al despilfarro. El programa proyecta los sentimientos al universo de la conciencia, el interfaz entre organismo e individuo y allí se consuma la falacia del organismo enfermo, del “músculoesquelético” que no puede aunque el individuo quiera…
– Es como si tuviera una gripe…
El cerebro es el órgano del como si… Es una capacidad interesante pero peligrosa: confundir imaginación cerebral, predicción, miedos… con la realidad.
– He comprado lotería de la Manolita. He hecho cola durante varias horas. Pre-siento que me va a tocar. Estoy haciendo planes para el futuro. He comprado un coche nuevo…
Fibromialgia. No es sensible el “músculoesquelético”. No es sensible el individuo.
Tanto el “músculoesquelético” como el individuo están sensibles. Normal. El cerebro consigue sus objetivos de sensibilizar a ambos para calmar sus sensibilidades, sus miedos.
El individuo quiere, el “músculoesquelético” puede… pero el cerebro prefiere que el individuo crea que el “músculoesquelético” no puede.
Fibromialgia. Cerebro sensible. “Músculoesquelético” e individuo… no necesariamente afectados.
“La Fibromialgia es una enfermedad caracterizada por dolor músculoesquelético…” Cada profesional quiere que el individuo crea…
¡Jesús!
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