Fibromialgia. El cerebro sensibilizado

La fibromialgia es una enfermedad real, física, potencialmente invalidante.
Valorada inicialmente (y catalogada como tal por la OMS) como una enfermedad “reumática” (independientemente de lo que eso quiera decir) existe consenso general en señalar al cerebro como responsable por lo que lo correcto sería situarla en el campo de la patología neurológica.
La fibromialgia pertenece a un cada vez más extenso grupo de etiquetas diagnósticas que muchos autores proponen sea englobado como Síndromes de Sensibilización Central.
La Sensibilización Central establece un modo patológico de gestión cerebral de la defensa del organismo en el que se activan los programas de enfermedad aun cuando esta no exista. Sería una situación similar a la de las enfermedades autoinmunes en las que el Sistema Inmune activa los programas defensivos de la inflamación o la muerte celular programada en ausencia de peligro.
He propuesto para estas enfermedades la etiqueta de Disfunciones evaluativas neuroinmunes. La fibromialgia, la migraña, el colon irritable, el síndrome de fatiga crónica, la cistitis intresticial… serían entidades debidas a dicha Disfunción evaluativa por parte del Sistema Nervioso (cerebro). La artritis reumatoide, el lupus eritematoso, la miastenia gravis corresponderían a entidades por disfunción evaluativa del Sistema Inmune.
Cerebro no es sinónimo de psicológico…
Repito:
Cerebro no es sinónimo de psicológico…
Cerebro no es sinónimo de consciente ni voluntario.
Repito:
Cerebro no es sinónimo de consciente ni voluntario.
Nadie se alegra ni beneficia de la disfunción evaluativa Inmune (artritis reumatoide, lupus…). Nadie se alegra ni beneficia de la disfunción evaluativa neuronal (fibromialgia, migraña…).
La Disfunción evaluativa Inmune no admite, hoy por hoy, actuaciones que modifiquen el error evaluativo. Debemos limitarnos a neutralizar sus efectos con inmunosupresores o fármacos antagonistas de los mediadores de la respuesta inmune.
La Disfunción evaluativa neuronal (cerebral) sí admite una actuación dirigida a modificarla.
Hay dos opciones:
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Considerar el problema como una enfermedad similar a las enfermedades autoinmunes y administrar “neurosupresores” (“neuromoduladores”) y/o fármacos que antagonicen los mediadores moleculares de la alerta nociceptiva (antinflamatorios, antidepresivos) complementando la terapia farmacológica con ayuda fisioterapéutica y psicológica cuyo objetivo es buscar alivio en el sufrimiento físico y psicológico que la enfermedad genera a través de la pedagogía de la gestión del individuo.
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Considerar el problema como un error evaluativo cerebral y tratar de corregirlo con Pedagogía en Neurofisiología de la percepción somática y de la gestión cerebral de la enfermedad (consumada, inminente o imaginada). Se intentan retirar los fármacos y las ayudas externas y potenciar los recursos de afrontamiento activo. Lo ideal es desactivar la evaluación cerebral (recuerde: no es sinónimo de psicológico ni de consciente-voluntario) de enfermedad. La ayuda de un fisioterapeuta es fundamental pero, en este caso, su estrategia será la opuesta a la ofrecida por la opción 1.
La fibromialgia es una enfermedad real, física y potencialmente invalidante.
El cerebro es un órgano físico, real y potencialmente invalidante.
La información, la cultura es un agente físico, real, biológico, potencialmente invalidante.
El programa “Respuesta de enfermedad” responsable del sufrimiento e invalidez contiene un componente cognitivo que impone un modo sensible, catastrofista y rumiativo sobre la situación. El individuo está sensibilizado y forzado por su cerebro a una conducta de enfermedad.
Es fundamental adquirir consciencia de ese sometimiento del individuo a su cerebro. Si no hay rebelión, reprogramación, desensibilización no conseguiremos nada. Si, además, hay aceptación, refuerzo del error el padeciente está condenado a vivir a perpetuidad el infierno de la enfermedad.
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