El cerebro científico

Este programa de redes http://www.rtve.es/television/20111116/formula-del-cerebro/475820.shtml contiene muchas de las propuestas desgranadas en este blog para explicar el dolor.
El dolor es una percepción de alarma. Toda percepción contiene una interpretación probabilística de la realidad, una hipótesis, correcta o errónea. Construimos hipótesis sobre el exterior y el interior. Tratamos de minimizar la incertidumbre (“energía libre” de Karl Friston) sobre lo que sucede y pueda suceder en nuestro organismo.
Hay un cerebro creativo, especulativo, imaginativo, científico que aplica hipótesis anticipadas sobre el comportamiento de la realidad y un cerebro realista que trata de asentarse en la realidad sensorial, un cerebro sensato.
Los datos sensoriales internos y externos llegan escasos y envueltos en ruido y el cerebro creativo debe aventurar hipótesis para dar sentido, certeza probabilística a cada tiempo-espacio y circunstancia. También debe estar atento a la detección de error, predispuesto al cambio de hipótesis cuando los nuevos datos desbaratan lo anticipado.
Un cerebro iluso es aquél que cede terreno a la imaginación y desatiende los datos sensoriales o les confiere un significado erróneo, coherente con la hipótesis ilusa. Un número de lotería que coincide con la fecha de nuestro nacimiento puede generar la ilusión de una mayor probabilidad de éxito y provocar la acción de conseguirlo a todo trance.
Minimizamos la energía libre, la incertidumbre, conteniendo la imaginación, reduciendo la sorpresa del entorno o dando el visto bueno a lo que imaginamos, confirmando el sesgo, el error de nuestras hipótesis.
A lo largo del aprendizaje, el cerebro construye un sistema de creencias, una memoria de experiencias propias y ajenas, sobre las que basa sus predicciones tratando de minimizar los riesgos. El universo interno nos ofrece pocas experiencias propias, afortunadamente. Habitualmente estamos sanos. Sin embargo tenemos noticia de enfermedades ajenas y, sobre todo, estamos bombardeados por todo tipo de informes sobre padecimientos misteriosos.
El cerebro científico, probabilístico, puede comportarse de forma ilusa anticipando premios y castigos. Las percepciones, los pensamientos, las emociones y las acciones responderán a esa valoración ilusa cerebral. Seremos castigados o recompensados en función del sometimiento a lo que el cerebro predicta.
El dolor, en muchos casos, expresará ese estado ilusorio, pseudocientífico, de un cerebro que se ha dejado llevar por un sistema de creencias subjetivo no basado en la evidencia científica, en los hechos.
Una migraña recurrente expresa la cabezonería de un cerebro iluso, cándido, que concede fiabilidad científica a lo que los “expertos” proclaman.
Una crisis de migraña es un error probabilístico cerebral. Lamentablemente, el cerebro no contabiliza el error como tal sino que valora que algo se ha escapado a su control y seguirá urgando en la conducta del individuo, en lo que come, lo que le estresa, en el tiempo que hace… condenándole al peregrinaje de la búsqueda infructuosa o falaz de explicaciones y soluciones.
Lamentablemente el programa de Redes no contiene ninguna referencia al papel de la cultura en el aprendizaje, a sus peligros.
Todos los programas de divulgación sobre cerebro acaban prometiendo soluciones futuras para el Alzheimer, la esquizofrenia, el Parkinson… Se supone que el cerebro sólo se equivoca por enfermedad. No se habla de patología cultural, de alienación…
Una lástima. El reverendo Thomas Bayes ha aparecido en Redes. Algo es algo…
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