La fibromialgia a las aulas
Cuando tenía unos 7 años el organista del pueblo vino a clase a detectar habilidades musicales. Hice bien los test y acabé en el coro. Gracias a ello he vivido y vivo cantando.
Al ingresar en la Universidad nos pasaron a todos por el fotoseriador y me detectaron una tuberculosis pulmonar. Ingresé en el Sanatorio de Tablada, en la Sierra de Guadarrama. Gracias a la estreptomicina, el PAS y las hidracidas sigo vivo.
Solían visitar las aulas frailes que detectaban vocaciones religiosas. Algunos compañeros acabaron en el Seminario. No fue mi caso.
Los reconocimientos escolares destapan defectos dentales, sensoriales, escoliosis (escueliosis)… De ello se derivan beneficios incuestionables y marcas de enfermedad al menos cuestionables.
Hay niños y adolescentes doloridos, cansados, desanimados, desconcentrados. Les ha visto el médico. Todo es normal. Duele la tripa, la cabeza, la columna, las piernas, los brazos. No pueden con la gimnasia… Surgen las sospechas sobre la realidad de las quejas…
Un voluntarioso y bienintencionado grupo de sanitarios leridanos se ha propuesto estudiar ese grupo de escolares doloridos para detectar casos de fibromialgia. El empeño me parece encomiable. Alguien tiene que interesarse por esa insufrible realidad.
La etiqueta calmará muchas angustias en los escolares sufrientes y en sus desconcertados padres y arrojará luz a ese oscuro mundo del “dolor siempre y en todas partes cuando todo da normal en análisis y radiografías”.
Ahora bien…
¿Qué es la fibromialgia?
Para gustos y conocimientos.
La doctrina políticamente correcta, las guias y publicaciones de Asociaciones de pacientes y Colegios profesionales la definen como una enfermedad cuyo origen se desconoce y para la que no hay solución. Fármacos, ejercicio mimado, aeróbico, piscinas a 33 grados, psicólogos, relajación… equipo multidisciplinar y olvidarse de una infancia feliz, normalizada. Aceptar la condición de enfermo y prepararse para el valle de lágrimas con dignidad. El cerebro fibromiálgico hace una gestión hipersensible-alarmista de la acción. Mantiene encendido el programa respuesta de enfermedad aun cuando no exista enfermedad: ¡la enfermedad soy yo! diría ese cerebro…
En mi opinión y la de otros la doctrina políticamente correcta es biológicamente incorrecta y promueve la enfermedad, la dinamiza, cronifica y estructura. El programa de los animosos y bienintencionados profesionales leridanos aporta reconocimiento de la condición de enfermos de los escolares, les pone nombre, dignifica su sufrimiento y les ofrece cuidados pero sensibiliza aun más el cerebro fibromiálgico.
El cerebro del Síndrome de Sensibilización Central es responsable del sufrimiento de la migraña, colon irritable, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica y, dolor crónico local, regional o generalizado (en ausencia de daño-disfunción relevante). Ese cerebro ha adquirido su condición hipersensible a lo largo del aprendizaje. Es un cerebro normal pero equivocado en sus apreciaciones de peligro de enfermedad. Está envuelto en un bucle autoalimentado que sólo la pedagogía y el endurecimiento motor graduado y confiado pueden romper.
No es posible la convivencia conceptual entre las propuestas de la fibromialgia como enfermedad misteriosa-incurable y las de la disfunción evaluativa cerebral (cerebro normal, organismo normal, cerebro equivocado). Una de ellas está equivocada.
Para los que defendemos la propuesta del cerebro equivocado es fundamental la pedagogía en neurofisiología del dolor. Hablamos de nocicepción, alerta nociceptiva, percepción, imaginación, sistema de aversión-recompensa, efecto nocebo, memoria del dolor, copia eferente, empatía, neuronas espejo, imitación, cerebro probabilístico, toma de decisión, detección de error, disonancia cognitiva, programa respuesta de enfermedad, imaginación guiada, esquema corporal…
Me gustaría saber si los profesionales leridanos del programa escolar conocen estas cuestiones. Para nosotros son fundamentales.
Cualquier abordaje desde una doctrina que ignore (sin saberlo) todo lo anterior y sostenga que el organismo fibromiálgico es de condición enferma misteriosa (genéticoambiental) es perjudicial. Cerrará el círculo de la apariencia. Confirmará el sesgo de la hipótesis. Parecerá que es cierto todo aquello que se defiende.
La lectura del artículo nos deja sobrecogidos de espanto a quienes defendemos la vía de la pedagogía en neurofisiología del dolor, del movimiento saludable.
No juzgo personas sino doctrinas, teorías, conocimiento o desconocimiento de la compleja trama neuronal del dolor no explicado.
Antes de lanzarse a la acción es necesario un examen crítico riguroso sobre lo que uno va a aportar, especialmente si esa acción va dirigida a un colectivo en edad crítica, en pleno proceso de aprendizaje nociceptivo, sensible a lo que los cuidadores digan y hagan.
Dichas quedan las palabras… para que, con toda seguridad, se las lleve el viento.
Lean…
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