La frontera biopsico

¿Dónde acaba el plano biológico, nos quedamos sin respuestas e imputamos a “lo psico” el origen de nuestros males?
El límite de lo biológico lo marca fundamentalmente la ignorancia. Nos faltan preguntas y respuestas para explicar biológicamente muchas cuestiones. Nuestro acervo de conocimiento como especie necesita nuevos paradigmas, nuevas verdades sustanciales y mientras llegan esos paradigmas rellenamos las teorías como podemos o nos interesa hacerlo.
Cada especialidad tiene sus lagunas, sus sesgos. La necesidad de disponer de respuestas hace que se expanda la responsabilidad de aquello que conocemos, lo que nos caracteriza como especialistas en algo. Si sabemos de músculos implicaremos a los músculos en el dolor. Si lo nuestro son articulaciones articular será el origen propuesto para el dolor. Si somos psicólogos valoraremos las cogniciones y conductas catastrofistas… Si nos interesa el cerebro y sus errores evaluativos veremos en él la explicación necesaria y suficiente…
Cada cual estiramos nuestro saber para explicar el origen del sufrimiento. De este modo los bioespecialistas limitamos lo bio a lo que conocemos mejor o exclusivamente. Una migraña podrá ser explicada, por ejemplo, por puntos miofasciales cervicales aun cuando queden muchas preguntas en el aire no planteadas (por ejemplo: ¿cómo se genera la onda de depresión cortical propagada en la corteza visual antes de que exista dolor?). El mioespecialista se sentirá satisfecho en el universo miofascial. No le quitarán el sueño cuestiones cerebrales. Un servidor propondrá el origen biocultural y dedicará su esfuerzo a la pedagogía sin pararse a pensar si hay zulos miofasciales cervicales.
El modelo biocultural es bio o psico o, mejor aún, psicosocial?
Para mí está claro. Es neuronal, luego es bio. Percepción, imitación, empatía, atención, memoria, prediccion, creencias, expectativas, condicionamiento, plasticidad, aprendizaje, nocebo, placebo, copia eferente, sistema de recompensa… son tan bio como la bioquímica de los receptores o la transmisión sináptica.
Situamos la frontera bio en la médula espinal. Una vez volcada la información de daño potencial de los sensores lo que suceda en el más arriba ya es cosa psico.
No estoy de acuerdo. Hay una frontera clara para mí: la de la consciencia. El mundo psico lo conforman las proyecciones de la actividad neuronal que generan ese misterio de la percepción, de los sentimientos, de la percatación de la cualidad, afecto y racionalización del dolor. Existe psico en lo consciente. Bio es lo preconsciente.
La frontera es cambiante. Está abierta o cerrada, expandida o constreñida. Puede trabajarse. Con la pedagogía podemos conseguir una cuota de participación desde lo psico a lo bio.
La percepción de hambre es biopsicosocial. Lo bio es todo aquello que subyace y precede a la proyección de la propuesta cerebral: ¡piensa en comida! a la consciencia. Lo psicosocial comienza a actuar a partir de ese momento.
Al desconocer gran parte de los procesos neuronales que alimentan las proyecciones de dolor a la consciencia optamos por trasladar las lagunas al cajón de sastre de los términos ad hoc, por ejemplo, lo psicosocial.
Tampoco conocemos todo lo referido a la biología molecular. Eso no permite definir como psicosocial lo químico no conocido.
En definitiva, cada cual debe esforzarse en expandir el conocimiento de la disciplina propia y de las ajenas. Siempre habrá un área de conocimiento y experiencia hipertrofiada, especializada pero es deseable que las otras áreas no queden a oscuras.
Tomemos ejemplo del cerebro. Cada área está especializada en una función pero sólo hasta cierto punto. Siempre hay un poso evolutivo de capacidades generales…
La especialización permite ver el árbol y no debe ocultar el bosque. Tampoco debe excederse en el culto y defensa del colectivo. Es una tendencia conocida del cerebro: la identidad y cohesión del grupo. La fórmula es obligada:
Ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio…
Comentarios (10)
Los comentarios están cerrados.