Fibromialgia. Mimar el músculo.

Hay consenso en señalar que al músculo no le pasa nada anormal en la fibromialgia. Está capacitado para realizar la función que se le exige: contraerse cuando se le ordene. Es un músculo sano. Tampoco sucede nada relevante en huesos y articulaciones. El aparataje “músculoesquelético” es normal. La etiqueta “fibromialgia” no es adecuada. ¿Por qué no “Síndrome de sensibilización central”?
Cosas de la percepción, la joya de la evolución: consigue aparentar realidad para conseguir lo que se propone. Quien padece fibromialgia no puede evitar sentir sus músculos doloridos, contracturados y fatigados, sus huesos y articulaciones sobrecargados.
Parece que al músculo se le pide un esfuerzo para el que no está preparado, por su condición (aparente) insuficiente, hipoenergética.
Vengan masajes, ejercicio aeróbico moderado (a poder ser en piscina a 33º), relajacion, estiramientos suaves.
¿Síndrome de sensibilización central? Puede que sea así: no me concentro, no duermo, no descanso, todo se me olvida…
Ya no sólo es el aparato músculoesquelético. El cerebro está tocado por la vulnerabilidad. Es también sensible, insuficiente. Necesita mimo, delicadeza, comprensión, palabras medidas… Psicoterapias.
Nuevamente la percepción, ese prodigio funcional de la navegación del individuo más o menos consciente, consigue aparentar realidad, insuficiencia cerebral, anímica, cognitiva.
La percepción de enfermedad genera convicción de padecerla y se hace con la conducta propuesta: la de enfermedad. Una percepción no es eficaz si no consigue el propósito de la acción solicitada.
El organismo se siente enfermo en la fibromialgia y se vive como tal, solicitando prestaciones de enfermedad.
Sin embargo, el músculo, los huesos, las articulaciones, el cerebro… todo es normal…
– ¿Entonces?
– Un cerebro (recuerde: no es sinónimo de psicológico ni de YO, es decir, usted) equivocado, que activa sin justificación el programa de enfermedad, puede resultar más insufrible que la enfermedad real. A la realidad le podemos tomar la medida y plantarle cara. A la apariencia le tomaremos la medida de lo que nos proyecte como apariencia quedando la realidad al margen de nuestras acciones.
Un organismo sano exige el reconocimiento de salud. Un organismo aparentemente enfermo exige desvelar, descorrer el velo de la apariencia que muestra u oculta la realidad: la enfermedad o la salud.
– No tiene nada. Es todo normal.
– No puede ser. Mi organismo no puede ser normal. Mis músculos, mis huesos… mi cerebro… No soy YO. Cuando me encuentro bien me como el mundo aunque luego pago pena (pain) por mi desvarío de creerme bien por unas horas.
Comprendo la dificultad de aceptar estos mensajes desde la perspectiva del padeciente. La sensibilización obliga a tirar suavemente de las creencias para ir llevándolas al terreno de la convicción de salud, a la liberación. Debe hacerse con mimo, delicadeza, midiendo cuidadosamente las palabras…
Mimar, minimizar el músculoesquelético, el cerebro… Ejercicios físicos y mentales comedidos… explicaciones progresivas bien dosificadas…
El remolino fibromiálgico es complicado. Sacar de allí al padeciente no es fácil. No siempre se acepta coger la cuerda que se lanza. La circularidad no lleva a ninguna parte.
Muchos esfuerzos y poco trabajo, poca acción realmente útil.
¿Realmente es el trato delicado con el músculo y el cerebro lo aconsejable?
Comentarios (10)
Los comentarios están cerrados.