Escollos

Mañana hablaré en Avila sobre fibromialgia. En 45 minutos debo acertar a exponer la propuesta del modelo biocultural sin provocar recelos, malentendidos, frustración ni falsas ilusiones.
Acabo de recibir la encuesta de satisfacción-insatisfacción del grupo de 11 migrañosos de nuestro reciente ensayo pedagógico (tres sesiones de hora y media) en el Centro de Salud de San Martín.
El modelo biocultural sitúa el origen de la migraña, fibromialgia y entidades afines en la conjunción de las dinámicas biológicas de los sistemas de defensa comunes a todos los seres vivos con el poderoso influjo, exclusivo de nuestra especie, de la cultura del dolor.
Lo que se propone es novedoso y contrario a la cultura (significados, conductas) operativa actual. Primero hay que derribar un edificio y luego edificar otro.
El edificio a derribar contempla la migraña o la fibromialgia como enfermedades misteriosas para las que se piden y prometen soluciones externas. Terapias. Lo que sea pero algo que permita disolver el dolor a demanda. Valdría cualquier vehículo terapéutico, sin importar cuál sea su fundamento, si resulta (aparentemente) eficaz.
Desde nuestro modelo la propuesta es: olvídese de la solución externa, de las terapias. No espere el gran día del terapeuta que le acertó. Está usted sano pero hay patología en el modo como el cerebro gestiona la defensa de la integridad del organismo. Hay alarmismo nociceptivo (vigilancia y detección de peligro), alimentado por la cultura en la que se ha producido el aprendizaje. Libérese del flotador y métase en una piscina donde no pueda hacer pie. Su flotabilidad es posible si se convence que en términos físicos (peso específico) es la misma que los que flotan. No flota por el miedo a hundirse. Es un miedo cultural, alimentado, aprendido, potenciado.
Los pacientes comprenden, lógicamente, la metáfora de la piscina pero se resisten a trasladarla al problema del dolor. La metáfora incluye un contenido falso: el flotador. Para alguien que no sabe flotar, un flotador o alguien que le sostiene o le tranquiliza yendo a su lado por lo que pudiera pasar (el cuidador) es fundamental. El flotador tiene una eficacia objetiva. En el mundo del dolor el flotador no existe. Los analgésicos no tienen la virtud que se les supone y, con el tiempo, van perdiendo “flotabilidad”, generando dependencia e incrementando el miedo al agua.
– Cada vez me hundo más. Ya los flotadores no me hacen nada.
– Ha abusado usted de los flotadores.
– Algo hay que me hace hundirme. Qué más quisiera yo que flotar. Me encanta el agua. No me hundo porque quiero…
Situar el dolor (en ausencia de daño, sin trajes de baño de plomo ni graciosos que pretenden hundirte) en el terreno del aprendizaje es complicado. Las metáforas pueden servir o no. La de la piscina, para ser correcta debería contemplar sólo “terapias para flotar” (fármacos, agujas, meditación, relajación, hierbas, dietas…). Los que se hunden acudirían al especialista en flotabilidades a por una terapia para flotar no a un cursillo de natación.
– Deme algo para flotar. Me hundo. Cada vez más.
– No hay tratamientos para flotar. Le explico: el miedo al agua… la cultura… el terror al hundimiento… la convicción de que su flotabilidad no es normal… Le propongo un cursillo en el que le explicaremos por qué se hunde… Trataremos de convencerle de que la no flotabilidad no está en su cuerpo sino en su cerebro, en la representación de ese cuerpo, en su idea de flotabilidad (esquema corporal)…
– Es muy complicado. No sé si seré capaz. No acabo de entender lo que me dice…
¿La encuesta?
Interesante, abre una nueva vía, algo complicado, no aporta soluciones prácticas, no nos enseña a librarnos del dolor cuando aprieta (no nos dicen qué debemos hacer si nos hundimos) necesitamos más clases, puede librarnos de los fármacos, los ejemplos (la piscina) ayudan…
La cultura del dolor ha alimentado el miedo y ofrece soluciones para disolverlo mágicamente, por conjuro. Es un miedo sine materia, injustificado, pero eso es habitual en los miedos. No se organizan cursillos para explicar por qué duele si uno se quema o se golpea con una esquina, o tiene gripe sino para comprender esos dolores terroríficos, recurrentes, invalidantes, que someten la voluntad del paciente y le condenan a renunciar a vivir por unas horas, unos días o toda una vida sin que nadie sepa el por qué deba ser así…
– Los genes, las hormonas, el estrés, el medio ambiente… Yo no le puedo cambiar todo eso. Tenemos fármacos que alivian pero debe aceptar que usted y el mundo son así…
Volveremos a encontrarnos con los pacientes dentro de dos meses. Por las expectativas que se deducen de la encuesta un tercio estará francamente mejor, otro tercio estará bastante mejor y el otro tercio seguirá igual o peor.
Ya les contaré. Mañana Avila. Ciudad amurallada…
¡Malditas metáforas!
Comentarios (8)
Los comentarios están cerrados.