Pseudopatías

La pseudopatía (es un término que acaba de nacer y probablemente muera sin pena ni gloria) se define por la falta de coherencia entre la apariencia y la realidad.
Los seres vivos habitan un entorno informativo sucio, en el que conviven ruido y señales. Es crucial distinguir sensiblemente todas las señales relevantes pero con una especificidad al menos razonable, no a costa de considerar todo ruido como señal potencial. Es importante que el universo imaginado esté suficientemente correlacionado con el real.
(Aquí hay una excelente exposición sobre lo básico de la Teoría de Detección de Señales).
En las pseudopatías puede darse apariencia de salud habiendo enfermedad (falso negativo) o lo contrario: apariencia de enfermedad en razonable estado de salud (falso positivo).
– Tiene usted una pseudopatía por omisión. Se siente sano, rebosante de salud, pero le hemos encontrado un cáncer bastante extendido.
– No puede ser. Me encuentro perfectamente. Usted se equivoca.
En este caso de pseudopatía por defecto (falso negativo) el sistema inmune no ha detectado las señales moleculares que expresan las células cancerosas, en parte porque la célula cancerosa defiende su derecho a la inmortalidad, a la reproducción egoista y consigue burlar la vigilancia. Enmascara sus señales como engañoso ruido. Los predadores intentan ocultar sus señales a la presa.
Lo contrario también existe…
– No tiene usted nada. Es una pseudopatía por falsa alarma. La alarma es real pero no hay peligro, sólo ruido somático trivial, irrelevante (falso positivo).
– No puede ser. Me encuentro fatal. Usted se equivoca.
Hay enfermedades sin factor pseudopático agregado. El organismo detecta a tiempo gérmenes y minicánceres incipientes y los neutraliza impidiendo infecciones y cánceres desarrollados. La inmunidad evita la impunidad (positivos correctos exitosos). Otras veces el enemigo gana y aunque se haya detectado correctamente el peligro la enfermedad triunfa por su carga de virulencia (positivos correctos con fracaso por respuesta correcta pero insuficiente).
Hay estados de salud sin pseudopatía. Uno está razonablemente sano y se encuentra razonablemente bien, con todos los análisis y radiografías en regla.
Hay estados de salud con pseudopatía, con error en la evaluación de las señales, con falso positivo de enfermedad. Migraña, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, colon “irritante” y un cada vez más largo etcetera son pseudopatías, apariencias de enfermedad no correlacionadas con enfermedad real.
Las pseudopatías por defecto matan. El cáncer mata.
Las pseudopatías por exceso no matan, mortifican. Requisan la alegría de vivir y la funcionalidad.
Las pseudopatías son cosa del organismo. No es el individuo quien establece los criterios de sensibilidad ni los costes y beneficios teóricos de las respuestas. El individuo disfruta la calma chicha de la pseudopatía por defecto (me encuentro bien----no puedo tener enfermedad) y sufre la pseudopatía por exceso (me encuentro fatal----no puedo estar sano).
El individuo consciente y (aparentemente) libre forma parte del organismo con derecho a formular temores y deseos, asentir y disentir, a través de esa sutil hendidura de la voluntad y la búsqueda de información (infotaxis).
La visita al pseudopatólogo (experto en pseudopatías) y el acuse de recibo del diagnóstico con las correspondientes recomendaciones (ruido más señal informativa) abre el turno de las responsabilidades del pseudosano (cáncer) o pseudoenfermo (migraña, fibromialgia…).
El ciudadano puede valorar señales informativas como ruido irrelevante perturbador o lo contrario: ruido por señal. Podrá incurrir en falsos positivos y falsos negativos o acertar. Aplicará su criterio de sensibilidad y su valoración de coste de su respuesta a la información recibida.
Lamentablemente, en las pseudopatías por exceso puede más el realismo de la apariencia de enfermedad, el sufrimiento, la objetividad de los síntomas, que la evidencia objetiva de salud y triunfan las tesis de que la pseudopatía no es tal sino una enfermedad misteriosa, oculta, invisible e intratable. No es que uno esté sano y se crea enfermo (falso positivo) sino que, está enfermo aunque los médicos no detecten señales de enfermedad (falso negativo).
Mal asunto. Reclamar intento de robo en cualquier disparo de las alarmas condena al usuario a un infierno. El criterio se desplaza al ámbito de que todo es indicador de enfermedad y el falso positivo impone su ley y su testarudez con creciente agobio para el padeciente.
La información contiene inevitablemente ruido y señal. Los sistemas de vigilancia somática evalúan esa información y seleccionan lo que consideran señal a la vez que desprecian lo que es tenido por ruido.
Los padecientes de pseudopatía por exceso (falsos positivos) recelan de estas propuestas y sesgan cada vez más el criterio de positividad hacia el error (falso negativo) facilitando el estado de sensibilización central: todo duele, todo enciende las alarmas.
Los expertos en dolor lo clasifican en dolor nociceptivo (positivo correcto), neuropático (falso positivo por avería de los circuitos) y somatoforme (falso positivo por… aquí ya no hay acuerdo).
Propongo el término de dolor pseudopático para sustituir al de somatoforme.
– Me duele todo. Dicen que no tengo nada… que me invento, exagero y rentabilizo el dolor.
– No es cierto. Tiene usted una pseudopatía por exceso. Le mando al pseudopatólogo.
– ¿Puede indicarme dónde queda el Servicio de atención al paciente?
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