La mente

– Su dolor es mental. No son la cabeza ni la columna ni los músculos los que duelen. Es la mente la que genera el dolor y lo proyecta a la conciencia.
Si uno quiere ganarse el rechazo del padeciente no tiene mas que hacer esa afirmación, impecable desde el punto de vista biológico, neuronal, pero tremendamente despectiva para la mentalidad de quien sufre.
– Su bilis es hepática y su orina, renal…
Afirmaciones obvias que serían vividas como una burla por su obviedad.
¿Qué es la mente?
Muchas cosas y para gustos. Desde la perspectiva de la información la mente sería el conjunto de memorias que dan lugar a las decisiones cerebrales. El dolor es una decisión de la red neuronal, un output o salida del sistema. Hay un trabajo mental, una proyección a la consciencia de un trabajo evaluativo de un momento, lugar y circunstancia.
– Me he quemado en el antebrazo y me duele…
– Su dolor es mental. La mente ha recibido datos de la destrucción violenta de tejido por el fuego y se ha activado esa percepción de sufrimiento, proyectada por el cerebro sobre la zona quemada. El dolor es el modo en el que su mente le hace sentir la tragedia y le obliga a proteger la lesión en tanto se repara.
Haya o no lesión, el dolor siempre es un producto mental, evaluativo.
– No tiene usted nada. Su dolor es mental. Aun cuando no hay ningún proceso actual ni inminente de destrucción de tejido ni peligro de que lo haya ni usted haya hecho nada que justifique la alarma, su mente ha activado el dolor por una evaluación errónea, hipersensible, miedosa, angustiada…
– ¿Quiere decir que está todo en mi mente?
– Sí pero lo que yo quiero decir con esa afirmación no tiene nada que ver con lo que usted interpreta. Las mismas palabras transmiten significados distintos: el mío cuando las digo y el suyo cuando las recibe… No nos pondremos de acuerdo si no consensuamos los significados.
Sigue primando la idea de que la mente es algo inmaterial, vaporoso, un algo indescriptible que se añade a las carnes cerebrales.
– Le pongo una multa. Se ha saltado delante mío el stop.
Es una multa mental, un producto de la mente del policía de tráfico, una decisión apoyada en una valoración.
– Le advertí que no cogiera el coche. Le multo por desobedecer. Podría haberse saltado un stop.
También es una multa mental. Surge de la mente del policía que, en este caso, evalúa peligro de probabilidad de infracción.
Hay multas mentales por infracción y accidente consumado. En otras hay infracción aun cuando no ha habido accidente por un frenazo a tiempo y en otras no ha habido nada, sólo presunción de probabilidad de infracción. Todas son multas y todas son mentales. Lo que las distingue son los sucesos, las acciones del multado, su inocencia o culpabilidad.
El cerebro no es precisamente un órgano que aplique la presunción de inocencia. Más bien lo contrario. Contiene mentalidad proclive a la penalización preventiva. Todos los seres vivos recelan. Eso les ha mantenido vivos pero les ha obligado a huir ante cualquier estímulo.
– Su dolor es mental
– Ya lo sé pero ¿tengo algo?
– No. Impugne a su mente. Hágale ver que no hay motivo justificado para la penalización…
– Gracias, doctor. Así lo haré.
Evidentemente este diálogo es impensable. Es más probable este final:
– Si me han puesto una multa alguna infracción tengo que haber cometido…
Duele, luego… ¿Qué?
Hágame caso. Todos los dolores son mentales. No pierda energías en negarlo. Utilícelas para exigir a su mente justicia, sentido común, presunción de inocencia… Si no hay daño violento, accidental, relevancia en sus acciones, su mente no debiera penalizar, al igual que si está quieto, tratando de descansar en el sofá, su mente no tendría que acelerar el corazón, subir la presión, hiperventilar, interrumpir la digestión y derivar la sangre a los músculos… No está ardiendo el edificio ni se va a derrumbar. No tiene sentido que su mente haya activado el programa de huir “de aquí y ahora”.
La orina es renal, la bilis, hepática y el dolor, cualquier otra percepción… es mental… cerebral…
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