Arrogancia irrogante

Hemos iniciado en el Centro de Salud de San Martín un cursillo de pedagogía en Neurobiología de la migraña con 1o padecientes y un expadeciente. Son historias curtidas de dolor, expertas en todos los remedios y teorías al uso y abuso.
El primer día exponemos las bases de nuestra propuesta. Básicamente les decimos: olviden, líbrense de lo que les han contado sobre la migraña. No sólo es falso sino perjudicial.
La teoría oficial, o más bien, las teorías oficiales, sobre la migraña sitúan en vasos (cefalea vascular), trigémino y vasos (teoría trigéminovascular) la sede de todos los males por obra y desgracia de unos genes desafortunados, los del infortunio migrañoso.
Les pedimos a los pacientes que nos digan lo que piensan que puede influir en sus crisis: genes, hormonas, arterias, estreses, comidas… Vamos apuntando en una hoja sus respuestas y luego procedemos a romper la hoja en añicos. Es todo falso.
– Tirad toda esa información a la basura. Libraros de ella. Alimenta la migraña.
La información sobre migraña irroga: daña, genera perjuicio.
La información sobre migraña es, además arrogante. Se autoatribuye la exclusiva de la fiabilidad en una pretendida representación de la Ciencia.
– En los últimos años se han producido considerables avances en el conocimiento de la migraña y ya contamos con un buen arsenal de fármacos y recomendaciones, tratamientos específicos, tanto para cortar las crisis de raíz como para prevenir su aparición. Vengan a nosotros, los neurólogos, y les irá todo mucho mejor si siguen nuestras recomendaciones.
El objetivo de nuestra propuesta es justo el contrario: huyan de sus neurólogos en este tema, recuperen sin temor todos los “malos hábitos”, coman queso, beban vino, duerman cuanto quieran, viajen, tengan buenos estreses… y vayan abandonando todos los fármacos…
– ¿Cómo sabemos que lo que nos proponen no es pura arrogancia?
– Exponemos argumentos de Biología. Diseccionamos los errores de la oficialidad, los intereses de mercado.
Un cerebro de plástico preside la primera sesión. Es el protagonista. Les pedimos que lo cojan, lo abran, lo toquen, lo miren, que imaginen la complejidad de su trabajo, el mareante número de sus conexiones.
– El cerebro existe. Neuronas, neuronas, circuitos, aprendizaje, cultura, adiestramiento, plasticidad, socialización, miedos, sistemas de defensa, errores evaluativos…
Puede que nosotros también seamos arrogantes, nos creamos que nos asiste la razón de la Ciencia y no ofrezcamos mas que palabrería, culturilla…
Puede aunque exijo que se expongan argumentos para desacreditar los conceptos manejados.
Lo que sí podemos garantizar es que nosotros no irrogamos. No generamos daño ni perjuicio. Quizás un añadido desencanto si no conseguimos los objetivos.
Ya les contaré los resultados.
Supongamos que tras el cursillo (seis horas de pedagogía estricta) disminuye la frecuencia e intensidad de las crisis, se retoman inocentes vicios (quesos, vino, cacahuetes…), se recupera la convicción de normalidad somática, se reduce o anula el consumo de fármacos…
– ¡Arrogancia, arrogancia! ¡Qué se creen ustedes! ¿Acaso se atribuyen poderes mentales especiales que les permiten, sólo hablando, disolver el demonio migrañoso? ¿Todos los neurólogos van a estar equivocados?
– Eso parece… Nosotros explicamos Neurociencia. No creo que todos los neurocientíficos estén equivocados…
Dejemos pendiente la cuestión de la arrogancia. Nos conformamos, al menos, con la garantía de no irrogar.
Lo nuestro es inofensivo… para los padecientes aun cuando resulte ofensivo a la arrogancia de muchos profesionales.
Espejito, espejito: dime: ¿quién es el más científico..?
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