Infotaxis

Para conseguir nuestros objetivos rastreamos el entorno para detectar evidencias de que estamos ante una buena fuente de aquello que buscamos. Los seres vivos disponen de sensores que detectan y cuantifican señales físicoquímicas de interés guiando la navegación por la ruta de mayor concentración del rastro. Deducimos la fuente por los gradientes. Allí donde hay más señal (olfativa, lumínica, acústica, térmica…) está lo que necesitamos.
Sin embargo buscar los gradientes sólo es exitoso cuando estamos ante un emisor de señal fiable, cercano y constante. Habitualmente los rastros son tenues, inconstantes, englobados en ruido, turbulencias… Seguir la pista de los gradientes en esas condiciones nos condena a una conducta infructuosa, frustrante, despilfarradora. Las señales aparecen y desaparecen, cambian de dirección…
En esas circunstancias es más rentable explorar el entorno para hacerse con un mapa informativo global, sin prisas por explotar la primera posible fuente que pillamos. Ya no se trata de detectar rastros y poner rumbo hacia donde es más intenso sino de hacer un casting exploratorio para detectar puntos con más información y construir unos cimientos de conocimiento que permitan optimizar las decisiones, sin depender del aquí y ahora del rastro detectado.
La infotaxis es la propiedad de los seres vivos que les hace sensibles a las fuentes de información. Algo hay en sus organismos que les impulsa a explorar y mapear los puntos informativos (creencias). Ya no se trata de feromonas, luces, calor o sonidos sino de lugares que informan.
El cerebro es un órgano infotáctico. Rastrea el entorno en busca de información y construye una arquitectura de conocimiento que guía la toma de decisiones en contextos de incertidumbre. A veces los sucesos emiten suficiente señal para ser codificados: uno se da un martillazo en un dedo y los nociceptores detectan variables de la incidencia permitiendo al cerebro concluir que en ese lugar del tiempo-espacio corporal ha sucedido algo nocivo. Otras, no hay evidencias, sólo información sobre probabilidades de peligro. Hace viento Sur, descienden los estrógenos, preparamos un viaje… El cerebro mapea la información sobre esas variables y convierte en creencia lo que parece tener más fiabilidad de cuanto se dice sobre esas circunstancias.
El dolor en el dedo del martillazo surge de una evaluación apoyada en la señal nociceptiva incontestable. El dolor de la migraña con viento Sur o en el período premenstrual surge de una evaluación apoyada en la atribución de ganancia informativa por parte del cerebro a lo que se dice del viento o de los cambios hormonales.
La red neuronal está condenada a explorar el universo informativo y construir una matriz de creencias. El dolor será el indicador de lo que la red ha seleccionado como creíble. El individuo creerá, ingenuamente, que el dolor certifica la validez de lo creído…
– YO sólo sé que si sale viento Sur… entonces me duele… luego el viento Sur…
Feromonas, luz, calor, nutrientes, nocividad… Por supuesto.
Información… También. Por supuesto. Está por ahí, envuelta en ruido, compitiendo, publicitándose. El cerebro no podrá evitar considerarla, procesarla, seleccionar, probar y actualizar…
Duele luego…
Depende. A veces un martillazo. Otras, simplemente un error evaluativo. Han podido los cantos de sirena.
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