¡Dios, qué buen señor si hubiera buen vasallo!

¡Dios, qué buen vasallo si hubiera buen señor! (Cantar del Mio Cid)
Ayer, Día Europeo de la Acción contra la Migraña, hablaron los neurólogos en los medios.
Nada nuevo. La migraña es una enfermedad genética. Axioma.
Evitar desencadenantes. Estrés, hormonas, viajes, alimentos, cambios…
Analgesia precoz. Oscuridad. Silencio.
Sobrados de avances. Están en disposición de hacer tratamientos a medida. Cada uno el que le conviene. Hay donde escoger.
Sin embargo algo no funciona. La migraña disfruta de excelente salud. La cifras cantan esa excelencia.
La culpa está clara. Los pacientes: malnacidos (genes), golferas (transgresiones), desordenados o, simplemente, mujeres. No sólo eso. No consultan. Se automedican.
Lástima de avances espectaculares. Los ciudadanos se emperran en ignorarlos. Creen que lo saben todo. Otro gallo cantara si los padecientes fueran al neurólogo y siguieran sus recomendaciones.
Falta conciencia de enfermo al enfermo, lamentan. Quizás sea también genético. Más campañas…
En definitiva, mucha migraña, demasiada migraña. Inoperancia por culpa de quien la padece, un cabezota empeñado en montárselo a su aire, uno que campea a sus anchas.
¡Dios, qué buen señor si hubiera buen vasallo! (El otro cantar)