Acciones contra la Migraña

Hoy se celebra el Día Internacional de Acción contra la Migraña.
¿Qué podría ser una buena acción contra la migraña?
En primer lugar: conocer, reconocer (respetar) el impacto que supone la Migraña para quien la padece. Abandonar ya de una vez para siempre las interpretaciones malévolas. Una crisis de migraña es un infierno. Mortifica e invalida. Nadie la provoca ni la busca. Se limita a padecerla y a buscar alivio y compasión aun cuando no siempre las encuentra.
Otra buena acción sería la de explicar a quien la padece su origen y recomendarle el afrontamiento más adecuado para minimizar su impacto. Aquí ya tenemos problemas para definir qué es una buena acción pues no existe consenso y cada profesional ofrece propuestas diversas, a veces contrapuestas.
Sostienen sin enmienda los neurólogos que la Migraña es una enfermedad cerebral genética que condena a los estigmatizados, por obra de un cerebro hipersensible, a la activación anómala de un supuesto “generador de migraña” de modo espontáneo o con el empujoncito de múltiples “desencadenantes”. Uno nace migrañoso y debe aceptarlo. Negarlo es inútil y contraproducente. Sólo cabe sobrellevar con entereza la condición enfermiza y tratar de reducir su impacto procurando llevar una vida neurosaludable, evitando aquello que alborota al supuesto “generador”. Si a pesar de la neurosalubridad se dispara la crisis hay que acabar con ella de forma contundente porque de otro modo el “generador” va propagando su influjo migrañoso por todas las capas neuronales del dolor. Analgésico, silencio y oscuridad. Si las crisis se repiten en exceso habrá que rebajar los humos de la excitabilidad con fármacos que la sosiegan.
Hay quienes conceden importancia a los músculos de cráneo y cuello. Contracturas y tensiones alimentan los circuitos del dolor. Proponen eliminar esas tensiones con punciones, manipulaciones o toxina botulínica y así evitar que se genere migraña (se supone que en el famoso generador). También hay músculos máxilo-faciales y también se proponen acciones contra sus excesos llegando si hace falta a la desinserción quirúrgica.
Otros defienden la tesis de que somos lo que comemos y que todo suceso interno está influido por la dieta. Un análisis meticuloso de los alimentos puede desenmascarar aquellos que activan la crisis. Bastará evitarlos para solucionar el problema.
¿Cuál es mi propuesta de buena acción contra la migraña?
Si es lector del blog no hace falta que le dé pistas: Pedagogía, Pedagogía y Pedagogía. ¿Materia? Cerebro.
La migraña es cosa de cerebro. No de un cerebro enfermo como sostienen los neurólogos, sino de uno equivocado. Sano pero enredado en la gestión de la evaluación de peligro.
Mis acciones contra la migraña se reflejan en la redacción del libro (Migraña, una pesadilla cerebral), este blog y alguna que otra conferencia.
Acabo de recibir un correo de una padeciente en lucha desde las propuestas del libro. La cosa no funciona y reconoce que se acuerda de mi familia en las crisis. Ha intentado, sin éxito, que otros migrañosos consideren la tesis biocultural y lo único que ha conseguido es provocar su indignación.
Llevo varios años en la brega de la migraña. Sé que he librado a bastantes padecientes del despropósito del dolor inmotivado pero también sé que no es fácil y que muchos otros me han mandado al carajo con indignación.
Sigo creyendo que se necesita una actualización en Neurobiología a todos los niveles sociales. Urge reconocer al cerebro como un gestor defensivo sensible a lo que la cultura proclama como peligroso. Urge desensibilizarlo frente a lo irrelevante. Urge una neuroilustración que nos proteja de las falacias de los mercadillos.
Urge un modelo de organismo en el que el aprendizaje cerebral esté considerado.
No todo son genes. No todo son desencadenantes.
Está también la cultura de la migraña… la migraña de la cultura…
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