Las defensas cognitivas
Utilizamos habitualmente el término “las defensas” para referirnos al grado de protección que un organismo dispone para mantenerse sano frente a todo tipo de amenazas. Podemos estar en un estado de “bajas defensas” y exponernos a padecer diversas enfermedades. No se considera un teórico estado de “defensas altas”, excesivamente sensibilizadas, si bien en la práctica reconocemos que el Sistema Inmune se pasa a veces de la raya de la sensatez defensiva y comete errores “hiperdefensivos”, activando la inflamación o la muerte celular programada sin que se dé ninguna circunstancia que lo justifique (alergia, enfermedades autoinmunes).
“Las defensas” deben estar en el estado de alerta necesario para detectar no sólo incidencias consumadas de daño sino también la presencia de agentes y estados que pudieran provocar dicho daño. Un banco debe detectar que han entrado los ladrones y están consumando el robo pero sería más deseable detectar a los ladrones cuando van a entrar al banco y detenerlos antes de que inicien la faena.
Con las “defensas bajas” detectamos peor el peligro y reaccionamos de forma insuficiente cuando la amenaza se ha consumado.
Con las “defensas altas” detectamos también mal el peligro (lo vemos donde no hay) y reaccionamos también mal ante su errónea detección: impedimos que honrados ciudadanos entren al banco a realizar operaciones normales por la sospecha de que son ladrones.
Hay estados patológicos en los que las neuronas vigilantes (nociceptores-receptores de nocividad-) no detectan el peligro por estar enfermas. Los agentes nocivos (estímulos mecánicos, térmicos, químicos) no son detectados y se produce el daño en los tejidos sin que el individuo sienta dolor. Atracan el banco conocidos ladrones pero no han saltado las alarmas. Estaríamos en un estado de neuro-”defensas bajas”.
También hay estados en los que sucede lo contrario. Por patología de los nociceptores se generan falsas alarmas. Se producen falsas señales en los sensores y suena la sirena, aun cuando no haya ladrones. Duele aun cuando no haya daño. Los neurólogos llaman a este dolor “dolor neuropático”, es decir, por patología del nervio (cable-sensores). Puede ser un cortocircuito. En la oficina bancaria saben que el hecho de que suene la sirena no indica robo sino que los sensores o los cables que transmiten la señal están averiados y generan chispazos de falsa señal. La oficina funciona pero es insoportable trabajar así.
Pudiera suceder que toda la infraestructura del sistema neuronal defensivo (sensores, cables, circuitos) estuviera intacta pero la información o previsión de daño atribuyera un riesgo a estados o agentes catalogados como peligrosos. Ello daría lugar a la activación de la alarma ante dicha evaluación de riesgo. Sería un estado de “defensas altas”, en guardia, atentas, vigilantes, malpensadas, equivocadas, cabezotas, ofuscadas, malinformadas…
La migraña, fibromialgia, fatiga crónica, colon irritable y otros padecimientos similares son estados de “defensas altas”, desmedidas, hipervigilantes. Actúan como lo hace el Sistema Inmune cuando sus defensas están sesgadas hacia la valoración de riesgo sin que lo haya.
Los profesionales tienden a ignorar el estado de “defensas altas” y desplazan la responsabilidad del problema de las neuronas (Sistema Nervioso) al individuo. Convierten un problema físico (evaluativo neuronal) en psicológico o dan por sentado que los problemas provienen de una misteriosa enfermedad que genera un estado de “bajas defensas” cuando justamente el problema es el contrario.
– Mi Sistema psiconeuroinmunendocrinosteomioartropático no funciona bien. Alguna enfermedad me ha pillado con las “defensas bajas” y me ha afectado. Puede que mis genes defensivos no sean los adecuados…
El Sistema psiconeuroinmunendocrinosteomioartropático puede encontrarse en estado de alerta, en “defensas altas” y convertir la vida en un infierno.
El problema debiera ser sencillo de entender. No lo es. No se acepta que sea así.
– Está usted sano pero tiene las “defensas altas”. Habría que derogar el estado de excepción del organismo…
– No estoy de acuerdo. Estoy enfermo. Mis “defensas” tienen que estar necesariamente bajas.
Dar con el punto justo de “las defensas” no es fácil. Las expectativas y creencias pueden alejar ese punto de la zona de sensatez y cronificar un estado de hipervigilancia que hace la vida imposible.
La Inmunidad cognitiva (expectativas y creencias) exige la tolerancia a lo irrelevante, la condición de salud cuando uno está sano e impide que se activen los programas de enfermedad por evaluación errónea de probable e inminente amenaza.
– Me encuentro bien. Tenía las “defensas altas”. Hemos conseguido devolverlas a su sitio. He cambiado mis convicciones y expectativas y mi modo de reaccionar ante las falsas alarmas, ante la apariencia de enfermedad.
La Neuroinmunidad existe. Cuídela. Manténgala en el punto sensato.
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