Neurociencia de la cultura

Aceptamos que los cerebros de la especies sociales generan, evolutivamente, cultura: conocimiento y conducta compartidos por el colectivo. Sabemos de la propiedad neuronal de representar e imitar internamente, a través de la observación de acciones ajenas, esas acciones observadas, copiarlas y reproducirlas después de la observación (neuronas espejo).
Somos copiones, imitadores, empáticos, altruistas y también exhibicionistas y chismosos. Todo ello ha permitido, al reunir una masa crítica suficiente de población interactiva, la eclosión formidable de la cultura actual. La cultura ha cambiado creencias, hábitos y hábitats pero ha cambiado algo más: el propio cerebro.
La cultura no sólo hace diferentes nuestras conductas y credos sino que sus contenidos y prácticas modulan poderosamente la conectividad de los circuitos. Un occidental percibe de modo distinto que un oriental. Las diferencias se van consolidando con los años de inmersión.
Hay una Neurociencia de la cultura, emergente. Con registros de potenciales, imágenes de Resonancia magnética funcional, con estudios psicobiológicos, se demuestra el impacto de lo que hemos creido y actuado en la arquitectura neuronal, su conectividad, estructural y funcional.
La cultura es un componente ambiental de primer orden. Las decisiones cerebrales (perceptivas, emocionales, cognitivas, viscerales, motoras) son biología. La cultura influye en esa biología.
El dolor está condicionado a la cultura. El impacto no sólo se refiere al modo como lo sobrellevamos y afrontamos, la respuesta emocional, interpretativa y conductual que seleccionamos, sino que, de modo sustancial recae sobre la generación de dolor.
La cultura, interactuando con la biología humana (de la cual procede) realimenta los circuitos de los que brota. La cultura hace que emerja el dolor, aun sin darse daño relevante, y ese dolor realimenta, al percibirse en la conciencia, la fuerza de la conectividad que lo originó.
La migraña es una enfermedad genética. La genética influye. Asigna probabilidades, boletos… pero son probabilidades que interactúan con la cultura que uno construye o recibe y de esa interacción emerge la probabilidad necesaria y suficiente para, en ausencia de daño, surja la percepción dolorosa.
La migraña es una enfermedad cultural. La cultura siempre influye. Asigna probabilidades que al interactuar con la probabilidad genética acaban creando la condición necesaria y suficiente para que emerja el despropósito probabilístico de la migraña.
La migraña es una enfermedad biocultural: una coproducción de un cerebro genéticamente seleccionado a la inmersión cultural.
Cambiemos los genes pro-migraña y cambiaremos la migraña. ¿A qué precio? No hay neuronas ni circuitos exclusivos de migraña. No hay neuronas ni circuitos exclusivos del dolor. Si queremos abortar el dolor deberemos renunciar a otras capacidades.
Cambiemos los contenidos de la cultura y cambiaremos la migraña. ¿A qué precio? Al de disponer de un conocimiento más acorde con lo que actualmente sabemos sobre Neurociencia de la cultura, al de renunciar a credos y conductas de la cultura en la que ha crecido nuestra migraña…
No es una terapia. Simplemente se trata de enriquecernos culturalmente con lo bueno que colectivamente hemos construido los seres humanos en el universo del conocimiento (acervo cognitivo) y librarnos de la parte de adoctrinamiento dirigido a mercado que contiene la cultura migrañosa.
Hay una Neurociencia de la cultura pero aún está en mantillas la cultura de la Neurociencia.
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