Síntomas, diagnósticos, mecanismos

Muchas veces lo único claro en un padecimiento es el propio padecimiento, los síntomas. Duele, estoy cansado, no tengo fuerzas… El terapeuta no tiene a mano una etiqueta diagnóstica pero apoyándose en el mantra de que siempre puede y debe aliviar se apresta a hacer algo contra dichos síntomas: fármacos, terapia manual, ejercicio, meditación, relajación… Se supone que todo ello tiene una virtud anti o pro: antidolor, anticansancio, profortaleza, proanimosidad…
– Me encuentro mejor. Eso es lo que importa
Otras veces además de síntomas el padeciente dispone de una o varias etiquetas diagnósticas: migraña, cefalea tensional, artrosis, fibromialgia, disfunción témporomandibular, neuralgia… El terapeuta aplica su conocimiento en terapias aplicables a diagnósticos y espera resultados.
– Ha salido un nuevo tratamiento para la migraña. Dicen que va bien…
Realmente lo que importa es lo que sucede donde duele, el mecanismo, la perturbación que da lugar a la proyección del síntoma. Hay un desgarro, una quemadura, una compresión, falta oxígeno en los músculos… El Sistema Neuroinmune ha activado la alarma y los mecanismos de protección y/o reparación. El dolor y la inflamación son mecanismos fisiológicos defensivos.
– Tengo un chichón. Es normal. Me he dado un golpe. Duele, claro, pero no importa. Ya se pasará.
Los padecientes aspiran a que el profesional les facilite diagnóstico y, a poder ser, una explicación sobre el mecanismo del origen del síntoma y el de la terapia.
No hay problema con la patología diáfana:
– Tiene usted una meningitis meningocócica. Por eso le duele y tiene náuseas. Sus meninges están inflamadas, los sensores meníngeos están hipersensibles, está facilitada la generación de señal de nocividad y su tráfico hasta las áreas cerebrales en las que se construye y proyecta a la conciencia la percepción de dolor en el tiempo-espacio en el que reside su cabeza. No se preocupe. Le ponemos un antibiótico que matará al germen responsable.
Sí hay problema, y gordo, con los síntomas y síndromes sin explicación médica (etiquetados o no).
La etiqueta no es una explicación médica. Es sólo eso, una etiqueta.
– Tiene usted migraña. Por eso le duele.
– ¿Qué es la migraña?
– No se sabe. Probablemente una enfermedad cerebral genética.
– ¿Por qué duele?
El padeciente pregunta por el mecanismo. Aun cuando la etiqueta no contenga respuestas útiles el profesional siempre tiene algunas a mano. Cambian con los tiempos.
– Hay una inflamación meníngea aun cuando no haya gérmenes. Las terminales del trigémino están sensibles, “inflamadas”. Eso hace que cualquier estímulo (el simple latido) resulte doloroso. No se preocupe. este fármaco hará que su sensibilidad extrema amaine.
Parece que todo encaja pero no es así. Hay que ser más preguntón:
– ¿Por qué están “inflamadas” las meninges si no sucede nada?
– No se sabe. Cosas de los genes. Hay grupos de neuronas hiperexcitables. Les llamamos “generadores de migraña”. Entran en actividad y producen la sensibilización del trigémino.
Todavía no han cuajado los tiempos de las creencias como mecanismo. Creencias en sentido neuronal. Un reflejo condicionado (el perro de Pavlov que saliva al oir la campana) es una creencia: “parece que traen la comida… voy a hacer que las glándulas salivares saliven”. La arquitectura neuronal de las creencias tiene una complejidad variable.
Hay veces que las creencias son diáfanas:
– ¿Por qué saliva el perro del Sr. Pavlov cada vez que oye una campana?
Hay otras, muchas más veces, en que el papel de las creencias es absolutamente opaco.
– ¿Por qué tengo migraña una vez por semana?
– ¿Usted qué cree?
Síntomas, diagnósticos, mecanismos… y en los mecanismos, también creencias. Siempre hay creencias en la red neuronal. Se dedica a construirlas seamos o no conscientes de ello.
– Su cerebro cree que en ese tiempo-espacio (una vez por semana y en la cabeza) hay peligro de muerte… Le llaman migraña… No sucede nada. No hay inflamación.
Sólo miedo…
– ¡Increíble!
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