Modelos experimentales de migraña

La migraña es, en opinión abrumadoramente mayoritaria entre los neurólogos, una enfermedad cerebral genética. Algo responsable de la generación de dolor de cabeza se activa por obra y gracia de una condición hiperexcitable-hipersensible congénita. Ese algo que inicia la crisis por su condición de dispararse espontáneamente podría darse en las arterias del interior y/o exterior de la cabeza, en las terminales sensitivas del nervio trigémino en meninges, grandes vasos intracraneales o cuello. Cualquiera de estas propuestas sitúa en los tejidos (meninges, vasos, músculos) y nervios de la cabeza (ramas del trigémino) el origen. La escopeta se dispara sola. Es hiperexcitable. Sale así, de fábrica.
No sabemos si hay animales con migraña, es decir, con activaciones espontáneas de terminaciones nerviosas de la cabeza, de sus meninges o de los grandes vasos. ¿Por qué no? Al fin y al cabo las neuronas, vasos, meninges, neurotransmisores y demás son iguales a los de los humanos. Como no podemos saber si existe o no el ratón migrañoso se diseñan “modelos experimentales de migraña”. Se coge al ratón y se excitan artificialmente sus meninges con diversos estímulos: corrientes eléctricas, capsaicina (el picante de los pimientos), “sopas inflamatorias”… De este modo se supone que el bicho tiene migraña. Al menos se comporta como si la tuviera.
En la especie humana el trigémino se activa sólo y en los ratones hay que forzar la activación. No existe el ratón seleccionado genéticamente que padece migraña espontáneamente. Hay que aplicar siempre un estímulo a su cabeza, un desencadenante.
En la migraña humana tenemos la condición genética de hiperexcitabilidad y los famosos desencadenantes. Más de cien. Ninguno de ellos es equivalente a los utilizados con el ratón. Los modelos experimentales del ratón demuestran que si aplicas excitantes a las meninges o al trigémino, probablemente duele (si el ratón está despierto). Para eso no hace falta ser migrañoso. A cualquier mortal humano le sucedería lo mismo, con y sin (supuesta) condición migrañosa genética.
Actualmente se piensa que el eje trigéminovascular no se dispara sólo. Se activa algún circuito neuronal (el “generador migrañoso”) que provoca el disparo. Puede que todo se inicie con un fenómeno eléctrico en la corteza cerebral: la onda de depresión cortical propagada. En el cerebro migrañoso esta onda se genera espontáneamente, por condición genética, con o sin el empujoncito de cualquiera de los múltiples desencadenantes.
¿Qué hacemos con los ratones?
Podemos manipularlos genéticamente, seleccionar la mutación responsable de una rara, rarísima forma familiar de migraña: la Migraña hemipléjica familiar. Tenemos esos ratones. Sólo falta un desencadenante. No hay problema. Pinchamos la corteza, le añadimos cloruro potásico, aplicamos corrientes o cualquier otra perrería. Se consigue provocar así la onda migrañosa.
Los cerebros animales y los humanos son absolutamente iguales a la hora de analizar la excitabilidad de los tejidos frente a estímulos nocivos o sensibilizantes. Si diseñamos modelos animales como los que se utilizan en la migraña estamos estudiando el dolor inflamatorio o nociceptivo.
¿Es la migraña una crisis de dolor por inflamación meníngea, muscular, trigeminal, vascular…?
NO.
¿Entonces?
Eso digo yo.
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