¡Qué tiempos, Mariano!

Confesé en una entrada (Confieso que he sufrido) allá por Diciembre (1-12-2010) mi relación con el dolor crónico propio y cómo este se disolvió cambiando radicalmente creencias y conductas. Fue sencillo. Pensar y hacer justamente lo contrario de lo que entonces se decía debía pensar y hacerse cuando se tenían “problemas de columna”. Eso fue hace ya unos 15 años.
Coincidiendo con la jubilación (Abril) han cambiado mis hábitos físicos. He retomado actividades de trasiego con pesos considerables y tras una tarea de especial penosidad, a primeros de este mes he vuelto a tener dolor en glúteo y maleolo externo izquierdo con hormigueos en la planta del pie al ponerme de pie y caminar… con alivio al sentarme. No he tomado nada, no me he ido “a mirar”, he seguido con la actividad normal (con algunas lógicas restricciones) y poco a poco se van aplacando las molestias.
Ayer, cortando hierba volví a notar el dolor glúteo y el hormigueo en la planta del pie. Al cabo de un buen rato dejé la tarea y me recosté en el sofá a ver la decepcionante etapa de los Pirineos con Contador, los hermanos Schleck, Evans… Puede que fuera la decepción, el tedio… Los Pirineos ya no son lo que eran… Recuerdo la gloriosa etapa del Tourmalet de 1991. Indurain y Chiappucci… encamado por culpa de “mi columna”. Vino mi amigo Mariano con unas botellas de vino blanco y unos langostinos y aquello fue gloria bendita… ¡Qué tiempos, Mariano! Escribí una canción con este título para Musicomio y la interpretamos en ETB en el programa de Andrés Aberasturi… No recuerdo cómo se llamaba… Mariano era el batería.
De pronto aparecen en pantalla, en mi pantalla perceptiva, a falta de nada interesante en la otra (Contador, los hermanos Schleck, Cadel Evans), la típica imagen del aura visual migrañosa, con su “espectro de fortificación”, su borde convexo hacia el lado derecho, expandiéndose lentamente. Había tenido en mi pasado ortodoxo algún episodio aislado de aura migrañosa visual, sin apenas dolor. Recuerdo perfectamente el escenario de la primera, en la cocina de casa…
No había mucho que ver en los Pirineos, salvo los propios Pirineos y concentré mi atención en el aura, con distanciamiento, como un espectador. Al cabo de unos pocos minutos desapareció. ¿Dolería la cabeza después como mandan los cánones de la probabilidad? Tocaba comer: alubias… Nada. Sólo un borrador de anteproyecto de dolor. Un sí es, no es… Comí y me fuí al Super a hacer la compra… Me llama mi amigo Curro, vallisoletano, el vocalista del conjunto en mi época universitaria… Había venido al Jazz… Cogí una entrada y allí me fui… Herbie Hancock, Marcus Miller, Wayne Shorter… homenaje a Miles Davis… Memorables… Cerveza, bocata…
¿El dolor? Si me hacía la pregunta allá estaba, leve, sordo, testimonial… Me despedí de Curro y me fui para casa. Cogí pronto el sueño y aquí estoy. Ya ni preguntándome aparece el dolor…
¿Por qué después de tantos años, se reeditan el dolor “de columna” y el aura migrañosa? Ni idea. Son cosas del cerebro. No conocemos bien lo que se trae entre circuitos. Lo único que hice fue autoproyectarme la convicción de que nada relevante estaba pasando, seguir con mis rutinas y dejar pasar el tiempo, tranquilamente…
Como en los viejos tiempos: ciática, migraña… Indurain, Ciappucci… Parece que fue ayer,
¡Qué tiempos, Mariano!
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