Memorias del dolor

Sin memoria no hay supervivencia posible. Existe la vida gracias a la capacidad de memorizar, retener información sobre las consecuencias de una acción previa que permita mejorar la respuesta ante la exposición del mismo estímulo que dio lugar a esa acción. Podemos tropezar dos y más veces en la misma piedra pero habitualmente el primer tropezón con una piedra deja una huella que permite evitarla en una segunda exposición.
La aparición de dolor en un momento, lugar y circunstancia indica que el cerebro ha valorado amenaza y que promueve una conducta de alerta-evitación. El individuo se da por notificado, valora posibles causas y decide una conducta de evitación del dolor. Si el dolor amaina, el cerebro memoriza lugar, momento, circunstancia, reflexión y conducta analgésica y procurará que la próxima vez (momento, lugar, circunstancia) el individuo ande más listo, es decir, facilitará la proyección de dolor y apretará las tuercas para disponer de la conducta analgésica precozmente. Toda la secuencia grabada del episodio anterior se irá editando, puede que con un plus por lo vivido previamente. El cerebro intentará que el individuo no tropiece nuevamente en esa “piedra” (lugar. momento, circunstancia).
Si las características del dolor se repiten entre los episodios quiere decir que, generalmente, se edita el mismo programa memorizado, no que la zona doliente está sometida al mismo agente o estado nocivo. Si se desencadena una crisis de migraña en un día soleado no quiere decir que la radiación electromagnética ha perturbado un cerebro físicamente sensible sino que el programa de alerta a un posible perjuicio se ha reeditado una vez más ante la expectativa de daño. El programa está memorizado. Sólo falta darle a la tecla de la exposición a un día soleado.
El dolor que sentimos en cada momento, lugar y circunstancia está influido por los dolores sufridos en los mismos momentos (horas del día, meses, cadencias en el tiempo) lugares y circunstancias. No sólo influyen los sucesos propios sino también lo hacen los ajenos. basta la observación empática de un episodio de daño ajeno para que se guarde memoria de él y ello condicione la aparición de dolor propio en momento, lugar y circunstancia similares.
La memoria influye también en la analgesia. Toda acción con intención aliviadora a la que sigue un alivio del dolor puede memorizarse y facilitar el éxito en una posterior aplicación. Puede bastar la expectativa con engaño: un placebo es más eficaz tras la aplicación de un analgésico que previamente redujo el dolor. Una inyección con suero fisiológico con engaño (comunicando que se pone morfina) reproduce la acción de la morfina anterior.
El aprendizaje está presente en la dinámica del dolor, en su cualidad sensorial, en su interpretación, en su impacto emocional y en las conductas de afrontamiento. El aprendizaje es memoria, fusión de pasado, presente y futuro.
La memoria no es una función con contenidos inamovibles. No es un archivo con fotografías, películas, registros. Es un proceso dinámico, sometido a reconsideración, retoques, actualizaciones. Contiene mucho de imaginado, acoplado a los datos de lo real.
La memoria puede modularse por el individuo consciente. Podemos retener las vivencias del pasado, rememorar dolores viejos pero podemos despojarlos de su impacto emocional, enfriarlos, quitar relevancia a su significado.
La memoria del dolor y la analgesia es una memoria con fuerte carga emocional biológica. Si no se hace un trabajo por desactivarla seguirá proyectando en determinados momentos, lugares y circunstancias sus propuestas alarmistas, exigiendo los mismos rituales de alivio.
El trabajo consiste en eliminar relevancia a aquello que alimenta la vigencia emocional de lo memorizado.
La migraña no es una enfermedad cerebral, genética, que condena al individuo inexorablemente a sufrir brutales episodios de dolor de cabeza. La migraña se aprende, se memoriza. La migraña puede desaprenderse, desmemorizarse. Podremos recordarla el resto de la vida cuantas veces queramos pero será como cualquier recuerdo que ya ha perdido su carga afectiva: la creencia en que va a suceder algo improbable pero temido.
Recuerde. Trabaje la memoria para conseguir olvidar.
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