Mecanoterapia. ¿Post hoc ergo propter hoc?

Todo lo vivo está embebido en mecánica. La curación, regeneración, remodelación y función de los tejidos está condicionada por los estímulos mecánicos a los que están inevitablemente sometidos.
La mecánica genera un complejo universo de señales intra e intercelulares que determinan la conducta fisiológica o patológica de células y matriz extracelular.
Hasta hace poco la mecánica se limitaba a músculos, huesos, articulaciones, ligamentos y tendones. Se reposicionaban huesos, estiraban, masajeaban y musculaban músculos y se inmovilizaban articulaciones para propiciar la paz mecánica exigida a la reparación de tejidos.
Sabemos ahora que los tejidos necesitan a veces paz y otras guerra y que gestionar la actividad, su cualidad e intensidad, no resulta fácil.
También sabemos que nos habíamos olvidado del “tejido de relleno”, algo que había en los huecos dejados por huesos y músculos, lo que se conoce como “fascias”. Las fascias globalizan los sucesos mecánicos a diversas escalas: local, regional y sistémica. Transmiten información mecánica a las células y estas reaccionan al estrés de los estiramientos y compresiones que implican la actividad del individuo adaptando los destinos celulares de las células madre a los requerimientos de cada momento.
Es lógico que los fisioterapeutas vean origen y remedios mecánicos. Los médicos ven origen y remedios químicos y los psicólogos psicológicos.
Cuando recetaba ortodoxamente fármacos para aliviar el dolor, creía firmemente que la analgesia se producía por obra y gracia de la química añadida.
– Desde que tomo eso que me ha dado no he vuelto a tener ninguna crisis de migraña…
Después de… luego a causa de… Post hoc… ergo propter hoc…
A veces es así. Una infección cede tras un antibiótico… a causa de la acción del antibiótico. Otras veces la respuesta no se produce a causa de lo que hemos hecho sino, simplemente, después de haberlo hecho.
De las chisteras de los magos a veces sale un conejo después de echar una carta y dar un toque mágico con la varita (pot hoc…). Al instante el mago saca el conejo.
– YO sólo sé que meto una carta y después sale un conejo… luego la chistera convierte la carta en un conejo…
No digo que no exista una acción mecánica beneficiosa posible en la acción terapéutica. Puede que así sea. Manipular fascias puede modificar positivamente la movilidad y el dolor. Seguro que así sucede en muchos casos. Después de la acción se produce la mejoría luego…
Hay que ser muy exigente a la hora de sacar conclusiones causales. Con los años me he vuelto más descreído en lo que creía y más crédulo en lo que desconocía (después de estudiarlo). Creo que la clave reside en el rigor a la hora de construir hipótesis, fundamentarlas sólidamente en lo que se sabe que es cierto y comprobar los resultados con todo tipo de cautelas.
El dolor es algo adimensional. Resulta de la interacción compleja de muchos factores. Analizar uno de ellos, depreciando otros, potencialmente significativos, producirá evaluaciones erróneas.
De momento me dedico a conocer mejor el universo de la mecánica, de las lesiones, de su reparación. Desde esa posición de escolar asombrado por la biología todo me invita al respeto por lo que el organismo puede hacer por sí sólo y al temor a lo que como compulsivos intervencionistas podamos hacer los profesionales. Muchas veces la razón de ser de una corrección terapéutica proviene de una intervención perjudicial de otro terapeuta (incluido uno mismo, por supuesto) o de restituir el rol terapéutico al organismo, una vez liberado de temores y corsés…
Post hoc… ¿propter hoc? ¿Seguro?
Amanece… Ha cantado el gallo…