Puerta de salida al dolor

Sigue extendida, a pesar de ser radicalmente falsa, la idea de que el dolor se genera en los tejidos, se detecta en unos imposibles “receptores de dolor” y se transmite a través de unas inexistentes “vías de dolor”. Las “señales de dolor” se conducen a través de unos determinados circuitos en los que son retocadas a nivel de los puntos de relevo. En la médula espinal estaría la primera oficina de análisis de esas señales. Allí habría una “puerta de entrada”, un mecanismo que permitiría o impediría el paso.
En el asta posterior de la médula se ha analizado con todo tipo de lupas el complicado proceso de la transmisión de señal entre la “primera” neurona y la “segunda”. Todo parece cocerse allí. Una vez finalizados los trámites de la frontera medular las “señales de dolor” de la primera neurona activan su equivalente en la “segunda” y ya tienen el camino libre para arribar a sus destinos sensoriales, emocionales y cognitivos donde se completará el proceso perceptivo del dolor para ser presentado en la conciencia ya con todo el ropaje.
Bueno, en realidad queda otra estación de relevo de señal, el tálamo. Simple rutina. Transbordo sin más. Cambio de tren, sin ningún papeleo.
En el tálamo la “señal de dolor” hace una parada técnica cuyo sentido no se suele explicar (tampoco nadie pregunta nada) y, sin más, se dirige a sus destinos.
El tálamo no es una “estación de relevo sensorial” sino un complejo lugar en el que se integra todo tipo de señales. Las sensoriales no llegan al 10%. El resto lo constituyen flujos de información sobre evaluaciones, decisiones, memorias, predicciones, impacto emocional. Las señales vienen y van de unas zonas a otras. La información de una zona de la corteza cerebral dirigida a otra vecina siempre pasa primero por el tálamo. Las conexiones córtico-corticales, probablemente son conexiones córtico-tálamo-corticales.
No hay decisión tomada en ningún centro que no sea conocida por el tálamo. En el Sistema Nervioso todo viene y va. Es bidireccional. La conexión tejidos y médula espinal es, en realidad, tejidos-médula-tejidos. La conexión médula- troncoencéfalo es médula-troncoencéfalo- médula. Ambas son además talámicas, es decir, tejidos-médula-tálamo-médula-tejidos y médula-troncoencéfalo-tálamo-médula… Podríamos seguir complicando el circuito desde tálamo a varios lugares yendo y viniendo… Para llegar a la consciencia, tendríamos que llegar a la corteza cerebral: tálamo-corteza… tálamo-corteza-tálamo-corteza…
En definitiva existe un complejo ir y venir informativo a través del denominado circuito córticotalámico o, si se prefiere, circuito tálamocortical. En él se cocina el guiso de la consciencia, lo que, en definitiva, se sirve en el plato del YO.
El chef córticotalámico propone menús, los selecciona. A veces los impone. El cliente YO es quien debe decidir si acepta las sugerencias u opta por otros platos que puede que existan o no en la cocina. El cliente no puede entrar allí. Se limita a hablar con el chef.
El dolor, como cualquier otra percepción, es un plato que sale de la cocina córticotalámica. No hay plato hasta que se sirve a la mesa de la conciencia. No hay sabor hasta que el cliente lo degusta. El único receptor es quien se lo come. El chef no se come los platos. Pregunta al cliente.
El dolor no tiene puertas de entrada, salvo la boca del YO. El dolor tiene puerta de salida. Es un output. A la cocina no llegan platos cocinados. Sólo materias primas. En la cocina hay recetas, fogones, registro de gustos y disgustos, consejos sobre lo que se debe comer o rechazar. No se sirve lo que pide el señorito YO sino lo que se considera debe ser servido. El comensal pinta a veces bastante, otras poco y otras nada.
Es curioso y sintomático comprobar cómo se vierten ríos de tinta sobre receptores de membrana, receptores de señal, procesamiento en asta posterior… pero no suele haber ni mención del circuito córticotalámico. Al parecer no hay cocinas. Sólo platos, chefs y comensales. A veces la comida del plato sabe bien y otras no hay quien se la coma. La responsabilidad estaría en la huerta, en el chef o en el comensal.
¿Circuito córticotalámico? ¿Puerta de salida? ¿El dolor dice que es un output del cerebro?
– A mí me han dicho…
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