Fisioterapia: el dolor y la mecánica

Acabo de participar con una ponencia (Neurociencia y estrategias en la gestión del dolor en el deporte) en una de las meses del Congreso de la SETRADE (Sociedad Española de Traumatología del Deporte). Un reputado ponente, fisioterapeuta, afirmó con énfasis y convicción que “el dolor desde que se inventó la morfina, ya no era problema” y que a él no le preocupaba ni interesaba el problema del dolor. Toda su ocupación estaba centrada en la Mecánica. La Fisioterapia se debe centrar en la Mecánica, biológica o protésica. Las manos del fisio serían los instrumentos adecuados para reconducir una mecánica que previamente se ha desvelado como alterada por todo tipo de procedimientos de tecnología avanzada.
Tengo la vaga sensación de que mis propuestas de considerar la presencia del cerebro del padeciente como protagonista inevitable de las acciones (biomecánicas, por supuesto) del organismo quedaron entendidas como la tópica alusión a factores psicosociales secundarios, de menor nivel. Quisiera equivocarme.
Hay una Fisioterapia minoritaria, emergente, titubeante, embrionaria, de porvenir incierto (al menos a corto plazo), que contempla la presencia de “lo cerebral”, en términos celulares, de red neuronal y no como una atmósfera psicológica inmaterial sobreañadida, insuflada. Esta Fisioterapia pone un potente acento en la Pedagogía sin dejar de lado la biomecánica.
A su lado (o espalda contra espalda, mirando en dirección contraria) está la Fisioterapia centrada en la Mecánica, en lo práctico, recelosa de lo etéreo y “metafísico”.
Yo, como todo mortal que se precie de serlo, tengo mi sesgo, en este caso hacia lo neuronal. Intento minimizar ese sesgo poniéndome todas las gafas posibles de ver la realidad somática pero supongo que se me cuela algún corazoncito que acaba imponiendo sus preferencias. Puede que mis árboles preferidos me impidan ver el bosque o que mi afición al bosque me impida ver algún árbol. Puede… Seguro que es así, pero…
En ningún caso es aceptable la proclamación de que la morfina ha acabado con el dolor y, aunque se comprende la pasión por la Mecánica se me antoja incomprensible cómo puede comprenderse la Mecánica Biológica sin interesarse por lo que se trae entre sus manos, es decir, entre sus decisiones y narrativas, “monsieur cerebro”.
Me fui del Congreso con la impresión de que hay varias formas de entender la Fisioterapia y que, estas formas tienen un encaje común complicado, no por su incompatibilidad como corpus de conocimiento sino como incompatibilidad profesional de quienes las vayan a aplicar.
Malo es que aparezcan identidades contrapuestas, banderas… Ello dinamiza inevitablemente el autobombo y la descalificación del otro. La viga propia y la paja ajena…
Son cosas de la resaca inmediata del evento. Puede que según pasen los días todo vuelva a la calma…
El dolor es una percepción que contiene, además de una determinada cualidad vivencial, una repercusión emocional-motivacional y una interpretación cognitiva. Eso nos enseñaron Melzack, Wall y Casey, allá por la década de los sesenta…
Nada de eso. Huele a metafísica. El dolor es un fastidio, un engorro, algo que se ha colado sin ser deseado. Se llama a Seguridad (morfina) y se puede proceder a lo sustancial, a corregir cargas, palancas, vectores, tejidos, juntas, fricciones, topes… Lo “bio” son células madre, implantes autólogos, factores de crecimiento. Las neuronas no son “bio”. Son unidades “psicosociales”. No generan carga ni vectores sobre los que influir. El padeciente se tumba en la camilla, se deja hacer y el fisio oficia…
¡Qué manos tiene!
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