Infoxicación
Mañana participo en la Universidad Francisco de Vitoria, en Madrid, en un Congreso de Actualización y Avances en Fibromialgia. Hablaré sobre la Disfunción evaluativa neuronal, en mi opinión el origen de la enfermedad: un organismo razonablemente sano gestionado por un cerebro también sano pero empeñado en tratarlo como organismo enfermo. Intentaré sensibilizar a la audiencia sobre la importancia de la función cerebral evaluativa errónea como causa de sufrimiento e invalidez.
La Fibromialgia pertenece al grupo de padecimientos etiquetados desde diversas perspectivas. Una de las etiquetas es la de Síndromes de sensibilización central . El Sistema Nervioso Central (médula espinal, troncoencéfalo y cerebro) haría su trabajo desde un modo hipersensible. Los estímulo, externos e internos, se procesarían por unos circuitos anómalos que convierten lo trivial, lo cotidiano, en insufrible.
No sería difícil llegar a acuerdos a la hora de aceptar la tesis de la hipersensibilización. Hay datos objetivos que la justifican. Las divergencias aparecen cuando se señalan orígenes y se ofrecen soluciones.
Genes; sobrecargas y traumas mecánicos, musculoesqueléticos; sobrecargas y traumas psicológicos; sobrecargas dietéticas; sobrecargas tóxicas; sobrecargas electromagnéticas…
Me toca defender la sugerencia de la sobrecarga cultural, informativa, pedagógica: la denominada infoxicación. El cerebro sapiens (ma non troppo), condenado a organizar su conectividad al son de la cultura, a imitar modelos, novedades, modernidades y postmodernidades, acaba aturdido por la imposibilidad de separar la señal del ruido, el trigo de la paja.
Aceptamos cándidamente que los tiempos actuales hacen al organismo vulnerable, entendiendo como organismo huesos, articulaciones y carnes mortificadas, exhaustas por el estilo de vida, el maltrato del maltrote. El individuo, esa especie de espuma que sobrenada a la carnalidad, se limitaría a ser algo emanado, segregado, pasivo, consecuencia de la sobrecarga, el sobremeneo físico y psicológico. ¿Las neuronas? Bien, las neuronas oficiarían como testigos sensibleros del estrés. Serían células emocionadas, traumatizadas, conectadas a través de sinapsis amplificadoras que ya no filtran. La inhibición sería cosa pasada. Sólo excitación, bombardeo sin sosiego.
A lo largo de la evolución se han ido añadiendo capas neuronales cuya prestación es la de detectar señales de lo relevante (y sensibilizar los circuitos a ellas) y separarlas del ruido de lo irrelevante, de lo falaz. Las cosas no han sido así y la red neuronal, entendida como tejido que establece puentes bidireccionales entre puntos de interés, se ha convertido en una red confusa, enmarañada que todo lo conecta y sensibiliza, una red-laberinto que atrapa al individuo en vez de procurarle caminos.
La actividad de las empresas del diagnóstico y tratamiento alimentan con su megafonía el mercadillo de las causas y remedios creando ruido ambiente que impide recibir los mensajes útiles.
– ¿Cerebro, dice? Perdón, no le oigo bien…
Puede que yo también forme parte del ruido de fondo. Puede que ya no sea posible ofrecer a los padecientes señales. Hay demasiado ruido. El cerebro está sordo de tanto machaque informativo.
Ya les contaré…

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