Percepción de amenaza
Las respuestas defensivas no esperan para activarse a que se consuma el daño. Basta la incertidumbre, la posibilidad teórica. Cualquier estímulo puede desencadenarlas si no está catalogado como irrelevante.
Tanto el Sistema Inmune como el Sistema Nervioso responden ante señales de peligro potencial sin esperar a comprobar si, realmente, corresponden a un agente o estado nocivo.
El exceso de prevención ante lo desconocido, lo no catalogado, tiene ventaja biológica. Aumenta la probabilidad de supervivencia… pero perturba al individuo con excesivos disparos de la alarma.
Las moléculas que suelta el gato en la casa son catalogadas por el Sistema Inmune de los padecientes de alergia al gato como señales de presencia de un peligro potencial, un germen y se dispara la inflamación en la mucosa o la conjuntiva. El aire con moléculas de gato está catalogado como aire peligroso, a evitar. Es una catalogación errónea y produce inflamación innecesaria condenando al sufrido padeciente al estornudo en su propia casa o al gato al destierro.
Al igual que cualquier molécula puede inducir al error al Sistema Inmune cualquier estímulo lo puede hacer también con el Sistema Nervioso.
El dolor puede proyectarse sobre cualquier zona corporal sin más motivo que la valoración de amenaza. No hay daño. No ha sucedido nada pero el cerebro evalúa peligro, atribuye posibilidad de destrucción celular futura. El cerebro teme. Basta con eso. Da lo mismo que duela la cabeza, la zona lumbar, cervical o los pies. Basta la valoración de peligro. No se necesita ninguna agresión consumada o inminente.
La alerta nociceptiva, aun en ausencia de daño, rebaja el umbral del dolor, sensibiliza los nociceptores, abre los pasos (sinapsis) de sus señales y activa los programas que dan lugar a la percepción de dolor. El individuo recibe la señal de dolor y refleja su evaluación hacia la red nociceptiva, sensibilizándola aún más. El circuito entra en un estado de resonancia, reverberación, retroalimentación positiva en todas sus capas… hasta alcanzar la saturación, el límite.
La alerta nociceptiva contiene una propuesta-exigencia de acción. El dolor presiona al individuo a una conducta. Si no se ejecuta, se aprietan las tuercas. El Sistema de recompensa proyecta desasosiego, inquietud, necesidad de ejecutar la acción programada y sólo apagará su hambre cuando el individuo haga aquello que figura como acción necesaria… o la cruda realidad exija desactivar la amenaza teórica para atender la amenaza real (analgesia por estrés).
Tan absurdo es activar la alarma por un estímulo irrelevante como exigir una acción-antídoto innecesaria, incluso tóxica, para desactivarla.
Nos dicen: duele luego algo va mal cuando y donde duele. Puede que así sea en algunos casos.
Digan lo que digan, en muchas ocasiones duele porque el cerebro ve amenaza sin haberla.
El dolor indica a veces lo que sucede en los tejidos. Otras lo que se barrunta en los circuitos que los representan, los defienden.
Tan importante es mantener la integridad y funcionalidad corporal como el juicio cerebral sobre ellas.
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