La hiperexcitabilidad migrañosa

Un cerebro migrañoso es un cerebro hiperexcitable, vigilante, sensible, reactivo.
Un cerebro migrañoso desencadena tormentas neuronales en diversos vasos de agua (desencadenantes).
¿Qué hace que ese cerebro se comporte así?
Los neurólogos dicen que son los supuestos genes de la migraña. Están convencidos de que, más pronto que tarde, van a dar con ellos y acabar con la pesadilla. Otros dicen que son los alimentos, la histamina, el déficit de diaminooxidasa; otros las omnipresentes cervicales y los músculos que las torturan con sus contracturas; otros la articulación témporomandibular, los cambios (meteorológicos, hormonales…) el estrés…
Cualquiera que sea el origen propuesto, el caso es que (según se dice) las terminaciones neuronales del trigémino desplegadas por meninges y vasos o el núcleo trigémino-cervical (lugar en el que entregan sus informes) entran en un estado hiperexcitado que genera un bombardeo de “señales de dolor” a todo el “circuito del dolor” haciéndolo entrar en un proceso incontrolable (si no se aplican terapias inmediatas) de autoalimentación en espiral, responsable de la brutalidad de la crisis.
El trigémino debe ser un nervio muy especial, muy dado a los paroxismos. Bastan, al parecer, unos apretones musculares cervicales, un poco de champán, un contratiempo con la pareja o que haya salido viento Sur, para que se organice la explosiva agitación de todo el circuito cérvicocefálico trigeminal.
Lo cierto es que en el tiempoespacio en el que se ha montado toda esa gresca trigeminal no ha sucedido nada relevante, amenazante para la integridad física inmediata de los tejidos residentes en el área que el trigémino vigila y protege.
La supuesta genética migrañosa no queda claro si opera sobre el propio trigémino.
– Tiene usted un trigémino hipersensible. Parece que sólo el del lado izquierdo… Es genético…
No suena creíble.
Tampoco parece sensato proyectar el impacto genético sobre meninges y sus vasos…
– Las arterias y meninges de su cabeza son hipersensibles. Se contraen, se dilatan, se inflaman… El trigémino se limita a ser testigo de esas hipersensibilidades. Es un simple mensajero… Son los genes de las arterias y meninges…
Bien sea porque en el barrio trigeminal los vecinos (arterias y meninges) organizan trifulcas innecesarias o porque la policía (el trigémino) ve delincuencia potencial en cualquier acción vecinal irrelevante lo cierto es que la Neurología ha situado en los residentes de ese barrio (vecinos y policía) el origen de sus propios males. Son así. Les va la bronca, la alarma…
Desde finales del siglo pasado se va sabiendo que el trigémino no deja de ser un mandado y que pudiera ser que el problema estuviera en los centros que deciden lo que tiene que hacer. Los generadores de la migraña no serían los vecinos ni la policía del barrio trigeminal sino sus dirigentes, aquellos que dictaminan cuándo y dónde pudiera haber problemas y deciden desplegar los operativos defensivos cuando así se concluye en sus órganos de evaluación.
La supuesta genética de hiperexcitabilidad migrañosa se ha desplazado, a la chita callando, de meninges, vasos y trigémino a unos, también supuestos, generadores centrales de migrañas. Hay documentos gráficos que les han sorprendido activados en el fragor de las crisis. Los generadores están ubicados en troncoencéfalo en el caso de la migraña común (con y sin aura) y en el hipotálamo en la “cefalea en racimos”. Los genes han guiado el desarrollo de una conectividad proclive al disparo fácil del programa migrañoso en los centros en los que se decide su activación. El problema está en el disco duro. Es físico. Enfermedad pura y dura. Sólo fármacos y estilo de vida saludable como alivio. Puede que en cualquier momento se pueda anunciar el fin de la pesadilla si se identifica y neutraliza el escurridizo gen de la migraña.
Por encima de esas oficinas profundas cerebrales, la evolución ha ido añadiendo capas de procesamiento que permiten representar la realidad como un futurible. Son capas especulativas, predictivas, probabilísticas. No esperan a constatar hechos consumados, Especulan con la probabilidad desde unos árboles de creencias y expectativas y si toca temer algo se actúa desde ese temor sin esperar a las comprobaciones.
Bien pudiera ser que los males migrañosos surgieran de esas capas cerebrales especulativas. Son capas altamente socializadas, imitativas, escolarizadas, instruídas, proclives a la obediencia. La genética migrañosa pudiera ser la genética de la hipersensibilidad biológica a la vigilancia al daño, la obediencia al marco cultural propio y la confianza en las propuestas oficiales de orígenes y remedios de los males.
Si la cultura migrañosa fuera correcta, racionalizadora, mesurada, sosegante… contribuiría a templar esa tendencia biológica a la vigilancia sensible. Si lo fuera… pero no lo es. Más bien todo lo contrario. Tenemos problema de disco duro y blando.
Hoy en día se considera que la genética segrega una “sensibilidad biológica al contexto” una probabilidad de expresión en función del entorno.
La genética migrañosa genera una sensibilidad biológica al contexto de la cultura migrañosa.
El cerebro migrañoso está hiperexcitable por obra de genes y cultura. Los genes seguirán estando ahí pero la cultura puede y debe ser modificada.
La migraña se cuece en la corteza cerebral, en las oficinas de la probabilidad, de las creencias, del sometimiento cultural. Desde allí se pueden activar alertas que encienden terminales de trigémino, dilatan arterias y agotan las baterías de las terminales de las neuronas de la corteza visual (onda de depresión cortical propagada).
Debajo de la migraña hay algo más que trigémino y arterias. Hay significados, cognición socializada, cultura. Es lo que nos define como especie.
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