Fin de ciclo

“Miró al soslayo, fuese y no hubo nada…”
Se ha cerrado mi ciclo profesional. Hoy es mi último día. Me jubilo.
Seguiré con el blog y participando en cuantas iniciativas se propongan para difundir conocimiento sobre neuronas y percepción corporal.
Dejo el mundo institucional (Osakidetza) tras varios años de predicar en el desierto de mi Hospital con el desaprecio más absoluto de lo que pudiera aportar con mis propuestas.
El cerebro, las neuronas, tienen algo de tabú para profesionales y, en mucha menor medida, para los padecientes.
Es llamativo e insufrible el desaprecio respecto a lo que se ignora. Pocos admiten que se perturbe la calma autocomplaciente de las doctrinas políticamente correctas, de sus protocolos consensuados. La migraña, se sostiene, es una enfermedad cerebral genética. Punto. Sólo queda esperar la identificación de los genes responsables para proveer del antídoto específico para cada individuo, previa presentación de la tarjeta genómica. Todo lo que no sean aportaciones moleculares es pura charlatanería. Pérdida de tiempo.
El conocimiento sobre procesos neuronales debiera haber impuesto un giro radical en las concepciones y propuestas de los neurólogos. No hay ningún atisbo de que así sea. Cuestiones básicas como percepción, emoción, cognición, motricidad, placebo, empatía, neuronas espejo, copia eferente, sistema de recompensa, toma de decisión, detección de error, nocicepción, procesamiento de información, lógica bayesiana… resultan materia exótica para quien se siente confortablemente instalado (con el oportuno apoyo de Farmaindustria) en el universo de los nuevos fármacos.
Los textos siguen contaminados por un léxico sintomático. Se sigue hablando de receptores de dolor, señales de dolor, vias de dolor, centros de dolor. Se sigue sosteniendo que el cerebro no duele si se le pincha y que como las únicas estructuras dolientes intracraneales están en las meninges y sus grandes vasos allí hay que buscar el origen del dolor, en el “eje trigéminovascular”. La realidad es que nunca se pinchó la zona doliente cerebral por la sencilla razón de que está oculta, en la profundidad del “valle silviano”, en el lóbulo de la ínsula. Si se pincha allí con el individuo despierto, este confirma que duele… El cerebro sí duele… si se le buscan los puntos sensibles.
El dolor es cosa de antinflamatorios, triptanes, antidepresivos y anticomiciales, estimulaciones electromagnéticas, electrodos, toxinas botulínicas, desinserciones de músculos contracturados… e información, mucha información… Hay que sensibilizar al ciudadano y al profesional. Jornadas, congresos, campañas, días mundiales contra el dolor… pero ni palabra de los riesgos de la información.
“Voto a Dios que me espanta esta grandeza…”
La semana pasada estuve en un Instituto hablando de neuronas y dolor. Todo era novedoso para los estudiantes. Sus mentes estaban igualmente abiertas para la Neurociencia como para la Homeopatía o la Acupuntura. Sus cerebros ya estaban colonizados por la cultura alarmista del dolor por todo y el remedio para todo. Intenté alertarles respecto al adoctrinamiento, la enculturación, la imitación de lo ofrecido como sagrado sin más argumento que el de la pertenencia identitaria. Ciencia frente a mercado y cultura. Libertad desde el conocimiento esforzado, crítico, explorador, riguroso…
El cerebro es muy interesante y vende audiencia en los medios pero hay que apartarlo de nuestros cuerpos. Es cosa mental y no de organismo. Con la salud no se juega. Nada de discursos. Soluciones, soluciones…
“Miró al soslayo, fuese y no hubo nada…”
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