Hablar con el cerebro

Las propuestas pedagógicas de este blog pretenden aportar conocimiento sobre los procesos neuronales básicos que subyacen en la génesis de la percepción corporal.
En ausencia de daño o disfunción relevante, los síntomas (dolor, mareo, cansancio…) son secundarios a una evaluación inadecuada de amenaza por parte de la red neuronal.
La toma de decisión cerebral no se corresponde con la situación física real de los tejidos sino con el modo como el cerebro valora una posibilidad, en ocasiones altamente improbable. La sirena suena porque el sistema de seguridad valora la posibilidad del robo. Existe temor aun cuando no haya ningún caco merodeando.
La activación facilitada, recurrente, crónica, inmotivada, del síntoma procede de un cerebro alarmista sesgado hacia la consideración catastrofista (incluso supersticiosa) de estados y agentes.
El objetivo del profesional es explicar este proceso, una vez se ha descartado una causa relevante.
La tarea no es fácil, por muchos motivos. El primero de ellos, la novedad de lo que se expone.
– Es la primera vez que oigo hablar del cerebro en una consulta…
Además de novedoso puede resultar complejo, difícil… pero no lo es. Se utilizan metáforas, analogías. Los ejemplos contienen la esencia del proceso. El cerebro actúa como un sistema defensivo que evalúa peligros. Lo mismo sucede con los padres respecto a sus hijos o con los vigilantes de seguridad de un edificio. La vigilancia debe anticiparse a los hechos, valorar la posibilidad y la probabilidad y decidir actuar cuando consideren que existe peligro.
Novedoso, complejo… y pretencioso:
– ¿Sólo hablando?
Parece a algunos que pretender modificar las cosas sólo con palabras es iluso, fantástico, esotérico. Piensan que uno es un iluminado, un guru al que se la ido la olla y se autoconsidera investido de poderes paranormales.
También choca la apelación al trabajo activo por parte del padeciente. Hay que cambiar el chip, las expectativas y creencias y la conducta de afrontamiento del síntoma.
– El organismo está razonablemente sano pero el cerebro está equivocado respecto a lo que sucede o pueda suceder en ese momento, lugar y circunstancia. Probablemente no está sucediendo ni suceda lo que teme.
Al ser el cerebro un órgano que emula, representa la realidad el individuo percibe el resultado de esa consideración virtual de los hechos (en ausencia de ellos).
Novedoso, complejo, pretencioso… increíble.
– Así que debo hablar con mi cerebro y decirle que no tiene que dolerme, que el mundo no gira, que no falta energía…
El diálogo con el cerebro existe, sea uno o no consciente de ello. Cuando hablamos es el cerebro el que construye el habla. Nosotros somos oyentes más o menos complacientes con lo que el cerebro propone a través de las palabras. Cada célula habla consigo misma, con sus vecinas y con el organismo entero. Un organismo es un diálogo constante bidireccional entre todos sus individuos celulares. Las serotoninas, adrenalinas, dopaminas, endorfinas, sustancia P, CGRP, oxitocinas, colecistoquininas, prostaglandinas… no son sino palabras, mensajes, órdenes…
La conciencia es el ámbito en el que se produce el diálogo del sistema con el individuo. Allí el organismo propone conductas, interacciones con el entorno y lo hace a través de la percepción, la atención, motivación, ideación y motricidad.
Varias veces por segundo surge a la conciencia el flash del trabajo evaluativo cerebral y las mismas veces el individuo devuelve hacia el sistema su valoración sobre lo recibido.
Si el dolor surge de un estado evaluativo erróneo el individuo recibe en su conciencia una percepción innecesaria, mortificadora, real, pero que expresa sólo un temor cerebral. El individuo debe proyectar hacia el cerebro su convicción de que se trata sólo de un exceso catastrofista cerebral y debe tratar de imponer su deseo de proseguir con la tarea en curso. El diálogo cerebro individuo es el que va marcando la conducta perceptiva cerebral y lo que el individuo decide hacer (dejar la tarea, retirarse a la habitación, tomar el analgésico… o negarse a ello).
El resultado del proceso de diálogo es impredecible. No hay fórmulas para inclinar la balanza hacia la racionalidad. Sólo tenemos convicciones frente a los miedos de los sistemas de memoria cerebrales.
En el diálogo cerebro-individuo la química, la electrónica y la informática neuronal bailan al son de lo que las palabras contienen. El efecto nocebo del alarmismo y el antinocebo de la racionalidad promueven e inhiben la liberación de moléculas y potenciales eléctricos informativos.
La química externa modifica el discurso cerebral y el discurso externo modifica la química interna.
Si el cerebro y el individuo comparten opinión equivocada no hay nada que hacer sino plegarse a lo que ambos proponen y aceptan. Si el cerebro propone tabaco y el individuo enciende el cigarrillo no hay solución.
La red neuronal no tiene garantizada la racionalidad. No es, siempre, psicológicamente adecuada respecto a la probabilidad. El individuo debe protegerse de la psicopatología neuronal. Debe hablar con su cerebro desde la racionalidad, desde el sentido común.
Siempre estamos hablando con el cerebro. El problema es lo que le decimos. No bastan las palabras.
Primero tenemos que creerlas.
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