Kindling

Tendemos a buscar en un suceso una causa, allí y entonces. Todo es por algo. Si algo duele queremos dar, en ese lugar y momento preciso, con aquello que lo ocasiona, la condición causal que, necesariamente, está operando allí y entonces. Algo enciende el fuego. Puede haber condiciones favorables (sequedad, viento, alta temperatura…) pero necesitamos una colilla y unas hierbas secas, una pequeña brasa de la barbacoa. En condiciones normales la colilla y la brasa no incendian el bosque. Se necesita el estado de peligrosidad de incendio.
La red neuronal enciende y apaga programas, en función de las necesidades. Los estímulos nocivos encienden el programa perceptivo del dolor. Un estímulo suficientemente nocivo enciende proporcionalmente dolor… pero a veces estímulos irrelevantes o incluso sin estímulo se ha encendido el sufrimiento, la crisis. Ha habido incendio sin colilla ni brasa de barbacoa. Ni siquiera había condiciones sensibilizantes: viento, alta temperatura, sequía…
Hacia los 80 tuve conocimiento de un término para mí desconocido: kindling. Siento una atracción irrefrenable por lo que desconozco. A veces la incursión en lo novedoso no me lleva a ninguna parte pero esta vez no fué así. El kindling era una cuestión interesante, característica de la red neuronal. Rompía esquemas oficiales y abría nuevas perspectivas.
Podemos aplicar un estímulo subumbral y no obtener, lógicamente, ninguna respuesta pero si repetimos ese estímulo de forma impredecible (arrítmica) , especialmente si ello sucede en el mismo escenario y con el sujeto convenientemente estresado acaba produciéndose una respuesta tras la aplicación de un estímulo que en condiciones normales pasa desapercibido. No acaba ahí la cuestión. Si seguimos aplicando el estímulo llega un momento en que la respuesta se genera espontáneamente, sin estímulo. Se ha producido el kindling, la facilitación de encendido de la respuesta, el incendio con colilla primero y más tarde el incendio espontáneo sin colilla.
La red neuronal tiende a facilitar sus encendidos en cuestiones trascendentes. La destrucción de tejidos y el desarraigo en el grupo son cuestiones trascendentes. Si duele o andamos desanimados buscamos la causa. No siempre encontramos al pirómano intencionado, un episodio de necrosis (una infección, un desgarro, una quemadura…) o un suceso o estado deprimente. A veces sólo hay colillas, pequeños contratiempos, posturas mantenidas… cosas que normalmente no encienden el desánimo ni el dolor. Cada vez aparecen con más frecuencia, saltan “a la menor” y finalmente aparecen sin más… Kindling habemus.
El conocimiento de la existencia del kindling nos libera de la obsesión de buscar siempre una causa suficiente a todo. La red neuronal anda hipersensible, mosqueada. Enciende programas por su condición anticipatoria. Primero con estímulos subumbrales y más adelante por chispazo espontáneo.
En la migraña se da con frecuencia el kindling. Los neurólogos hablan de migraña transformada. El padeciente tiene crisis de cuando en cuando pero de un tiempo a esta parte las crisis se hacen más frecuentes e incontrolables. Sostienen los neurólogos que ello es debido al abuso de analgésicos. Todo puede influir pero en el fondo está la condición propia de la red, su tendencia al calentón anticipatorio, a encenderse sin más. Basta el estrés de la alerta, la expectativa, la repetición impredecible de estímulos y escenarios para que acabe encendiéndose el fuego, sin colillas ni hierbas secas…
Sucede lo mismo con el desánimo y la euforia. Las oscilaciones habituales según nos vayan las cosas se facilitan y las pequeñas contrariedades disparan bajones y subidones reactivos. Empieza a afectarnos todo. Nos venimos abajo por minucias y acabamos melancólicos sin saber por qué…
La red neuronal es así y es importante tenerlo en cuenta. De otro modo nos pasamos la vida buscando sin éxito estímulos suficientes. En estos casos es necesario inyectar realidad a la red, conocimiento, responsabilidad, afrontamiento sin parches externos, desensibilización, sosiego… La tendencia al kindling irá reduciéndose hasta que, sin saber tampoco por qué, hemos dejado de padecer dolores y desánimos. La red ha vuelto a la condición normal, a la proporción entre estímulo y respuesta.
El kindling no es bueno ni malo. Existe y facilita el aprendizaje. El problema está en los contenidos. Facilita errores y aciertos, capacidades e incapacidades. Nos permite desvelar la realidad con trazos mínimos de estímulo o anticiparla, tenerla presente, estar en guardia…
– Cada vez duele más… ya los analgésicos no me hacen nada…
– Es el kindling. Su cerebro ha perdido la medida de la realidad. Anda a su aire, caótico, encendiendo sin ton ni son las alarmas…
– ¿No hay nada contra eso?
– Bueno, en la epilepsia también hay kindling y damos fármacos que lo suavizan. También se utilizan en la migraña y en el trastorno bipolar. Son “neuromoduladores”.
El kindling está ahí para amargarnos o endulzarnos la vida, para paladearla o aborrecerla… para aprender a catar vinos o productos químicos ambientales (Sensibilidad química múltiple).
Para neuromodular no hay como dejar que la realidad y no la imaginación guíe los encendidos de la red. De otro modo el cerebro se lía a generar encendidos con mínimos estímulos en cervicales, lumbares, cabezas y almas…
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