El misterio de las enfermedades misteriosas

La migraña, la fibromialgia, son enfermedades cuyo origen y remedio se desconoce. Eso se dice.
Realmente es un misterio por qué duele tanto y tantas veces si es verdad lo que dicen los médicos: que no hay nada anormal en el tiempo, espacio y circunstancia del dolor…
– No tendría que dolerle…
Con el dolor sucede lo mismo que con otras percepciones.
– Tengo hambre todos los días y a todas horas…
– No tendría que tener hambre. Está bien nutrido. Demasiado nutrido, diría yo…
Es el misterio de por qué hay ciudadanos a los que comer aviva el hambre en vez de quitarla.
– Cada vez tengo más hambre. No lo entiendo. Ya ningún alimento me hace nada…
El cerebro es un gestor de percepciones. Proyecta hambre, dolor, frío, calor, mareo, cansancio, tedio, euforia… por razones que no siempre comprendemos. Si uno lleva varios días sin comer se entiende que el cerebro nos recuerde con el hambre que el organismo necesita energía pero no tiene sentido que nos proyecte el apremio de comer si nos sobran unos cuantos kilos.
La enfermedad del hambre crónica, injustificada, es un misterio. Los investigadores rastrean la química del hambre en busca de las moléculas que convierten la necesidad en adicción compulsiva. Siempre se encuentra alguna y hay repique de campanas mediático.
Al dolor enfermizo también se le buscan y encuentran moléculas con el consiguiente alborozo.
Los investigadores son optimistas.
– En los últimos años se ha avanzado considerablemente en el conocimiento del dolor. En el futuro tendremos nuevos fármacos. Controlar el sufrimiento no será problema.
El problema del futuro es que nunca se hace presente en esta cuestión.
La cuestión del hambre no mejora. Todos los días mueren miles de ciudadanos por culpa del hambre crónica insaciable. Puede, incluso, que el problema se esté agravando.
El dolor también hace estragos. Todos los días mueren miles de ciudadanos por el consumo crónico, insaciable, de analgésicos. Puede, incluso, que también el problema vaya de mal en peor.
La gestión razonable, económica, de los recursos perceptivos no está garantizada. El cerebro no es de condición natural inteligente. Más bien lo contrario. Es labor del individuo canalizar las dinámicas biológicas cerebrales, seleccionadas para entornos adversos y competitivos, y adaptarlas al universo del todo a cien metros y sin riesgos.
Hay niños con hambre y dolor crónico, insaciables.
Hay quien opina que todo es obra de la incoherencia entre lo que demanda la genética alarmista y lo que ofrece la cultura de la abundancia. Las moléculas humanas del dolor y del hambre son las mismas que las de las moscas y los gusanos del laboratorio. Habría que rastrear las diferencias entre las culturas.
– ¿Cultura dice? Los niños no tienen cultura pero tienen migraña y fibromialgia. Son los genes y lo misterioso aún no desvelado. Hay familias enteras afectadas…
Curiosa y errónea idea de la cultura. Parece que no pueda existir impregnacion cultural hasta acceder al “uso de razón”.
El cerebro sapiens (ma non troppo) es, por mandato genético, cándido, imitador y escolarizable. Absorbe cultura desde las primeras horas de vida.
Papis, profes y compas andan siempre cerca del niño proyectando palabra y ejemplo, dichos y hechos. El cerebro infantil es un escolar pasivo que se apropia de cuanto sucede y se comenta para procesarlo según reglas que desconocemos.
He revisado esta semana a una padeciente con migraña, dolor cervical, algo rolliza, moderadamente desanimada y fumadora. Hizo bien su trabajo de escolarización en “mi cerebro y su YO”… Ya no tiene migrañas, no le duele el cuello (hubo también un buen trabajo pedagógico de dos excelentes “neurofisioterapeutas”), ha ganado unos cuantos antikilos, está animosa tras dejar los antidepresivos y ya no aspira absurdamente humos tóxicos adictivos.
Es una paciente ideal, inteligente y trabajadora.
Para ella ya no hay misterio. Es todo sencillo.
Comentarios (13)
Los comentarios están cerrados.