Perceptores de dolor

El dolor no existe sin un destinatario que lo sienta, un perceptor.
El perceptor del dolor es el individuo, en estado consciente. El cerebro puede apagar y encender la consciencia del individuo. Si no hay consciencia, no hay dolor posible.
– El dolor me despierta por la noche…
La frase no es correcta. Estando dormido no hay dolor posible. Sucede lo propio con la anestesia general. Ningún paciente se despierta en plena intervención, por dolor. El anestesista es quien decide despertar al paciente, permitiendo así que aflore a la consciencia lo que en ese momento el cerebro está proyectando. Por ejemplo, dolor. El cerebro quita y pone anestesia general. Enciende y apaga los circuitos que generan percatación de uno en el espacio-tiempo real.
– YO no pienso que me duele estando dormido.
La idea de que el dolor surge de los tejidos está muy arraigada. Los tejidos están ahí, de día y de noche. Si duelen, por cualquier inconveniencia, nos despiertan… pero no es cierto que el dolor surja de los tejidos. Siempre lo hace desde el cerebro. Antes del cerebro no hay dolor posible. Después del cerebro todo es posible. Puede doler un brazo amputado, un brazo que ya no existe. Es el llamado dolor de “miembro fantasma”.
– Piensa que no duele y así dolerá menos…
El perceptor del dolor no puede imponer su voluntad. Por mucho que uno quiera imaginar que duele no hace que duela. La imaginación tampoco puede disolver a demanda el dolor percibido. Uno no puede abrir los ojos enfrente de una persona e imaginar que esa persona no existe. Tampoco puede imaginarla y verla, como si estuviera allí.
– El receptor de dolor…
No existen receptores de dolor por mucho que los textos en los que se instruyen los estudiantes de Medicina los sigan citando y describiendo. Existen los perceptores, es decir individuos. El dolor es un asunto privado, exclusivo, del individuo en estado consciente, perceptivo. No existen receptores de Chanel Nº 5 ni de chorizo frito. Sólo perceptores, individuos que perciben desde sus propios cerebros en sus exclusivas pantallas conscientes esos aromas.
¿Qué es un perceptor de dolor?
No tenemos ni idea. La consciencia es un ámbito misterioso, de momento inalcanzable.
La consciencia es un estado atencional del cerebro. Allí se proyecta lo que en ese momento, lugar y circunstancia el cerebro selecciona para proponer al individuo una acción determinada.
Duele luego el cerebro proyecta en la consciencia una propuesta de conducta defensiva.
Hace hambre luego el cerebro propone echar un bocado.
Pica luego el cerebro propone rascado.
Deja de doler luego el cerebro ha dejado de valorar amenaza.
Los calmantes no protegen los tejidos. Más bien hacen lo contrario: los vuelven vulnerables. Si el dolor se calma con cualquier terapia no es porque se haya recuperado la normalidad allá donde duele sino porque la acción terapéutica ha hecho que el cerebro modifique su evaluación.
La proyección cerebral de dolor tiene sus momentos, lugares y circunstancias, representados en los sistemas de memoria. Un fin de semana es un momento como otro cualquiera. No contiene ningún ingrediente de perjuicio sobre la cabeza, por mucha tensión laboral acumulada de lunes a sábado. Si el fin de semana está codificado como “peligro”, “alerta”, el sábado por la mañana el perceptor de dolor recibirá el recado.
Los investigadores se afanan en descubrir nuevos fármacos que bloqueen los supuestos receptores de dolor. Extraña tarea la de bloquear algo que no existe.
Habría que ver el modo de neutralizar el perceptor desviando su atención hacia una tarea concreta. A veces es efectivo. Lo ideal sería actuar sobre el proyector de dolor, sobre el cerebro, desactivando la trama de las expectativas y creencias que alimentan esa propuesta cerebral de proteger algo de un peligro fantasma, inexistente.
Tenemos mil modos posibles de engañar al cerebro pero sólo hay uno de hacerle ver lo que realmente está sucediendo: explicarle que, en ausencia de daño, donde duele no sucede NADA.
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