Racionalizar

– Creo que he entendido. Tiene lógica. Pienso que es cierto lo que me explica… pero ¿qué hago?
Una paciente con migraña acudió a revisión. Sentada a mi lado en la consulta estaba una residente escéptica con el enfoque.
– ¿Cómo te va?
– Bien. No he vuelto a tener migrañas. No tomo fármacos. Hay veces que siento algo de dolor pero lo controlo.
– Explícale a la doctora cómo lo consigues…
– Racionalizo. Pienso rápidamente en lo que he aprendido. Sé que no está pasando nada y me concentro en lo que estoy haciendo.
Estamos instruidos en la idea de que debe hacerse algo necesariamente para disolver el dolor. Ese algo puede ser introducir una molécula con supuestos poderes para neutralizar una supuesta química responsable del dolor, una aguja, unas hierbas, una infusión, productos homeopáticos, meditación… Algo añadido, dirigido específicamente a recuperar la normalidad.
En la consulta se explica lo básico de la neurología del dolor. Dos objetivos: disolver errores y aportar conocimiento fiable. Se ha activado la percepción de dolor sin justificación. El cerebro ha sobrevalorado la probabilidad de un suceso destructivo. No es cierto que necesariamente haya algo indebido. Basta con el error evaluativo. Falsa alarma. La aparente eficacia del calmante simplemente indica que el cerebro exigía la acción de tomarlo y que ello ha disuelto la valoración (errónea) de amenaza. Nocebo para activar la alarma y placebo para desactivarla.
– ¿Por qué duele?
– Efecto nocebo
– ¿Cómo se combate el nocebo?
– Hay dos formas: con placebo (haciendo algo) o con la convicción de que no sucede nada.
– Ya sé que no está sucediendo nada pero a pesar de eso… duele. Al final tengo que tomar el calmante. Lo necesito.
En condiciones experimentales podemos conseguir que una crema inerte aplicada al antebrazo antes de someterlo a estímulos generadores de dolor (laser, calor…) aumente o disminuya la percepción dolorosa cambiando una palabra de la información:
– Con la crema notará menos dolor…
– Con la crema notará más dolor…
La crema es la misma. Una palabra pronunciada es un estímulo mecánico que genera un tren de ondas que capta el oído… Basta un cambio en ese tren de ondas para que el dolor aumente o disminuya. Podemos escribir la información: más… menos… En este caso la palabra genera un estímulo luminoso sutilmente diferente, suficiente para inducir un más o un menos en el dolor.
Las terapias del dolor activan expectativas previamente construidas, a golpe de experiencia propia, observación de experiencia ajena e instrucción.
La observación de una acción analgésica por placebo facilita el placebo en carne propia.
La duración del dolor tras aplicación de estímulos nocivos varía si trucamos el reloj (una vuelta de las manecillas en 45 segundos).
Saber que lo administrado es un placebo no elimina la acción analgésica. El cerebro pide acción aun a sabiendas de que esa acción no contiene nada relevante. Placebo. Engaño.
La pedagogía del dolor busca disolver las redes de falsas creencias que alimentan los encendidos de las falsas alarmas. Busca disolver la nocebidad, los virus informativos, culturales. Uno de esos virus es el que exige una acción terapéutica, el rito purificador, el antídoto de lo que (supuestamente) hace que duela.
El antídoto del nocebo no es el placebo sino el antinocebo, el antivirus, no otro virus de signo contrario.
– Entiendo, pero no sé cómo hacer para cambiar el chip…
– Tendrá que descubrirlo.
Como dijo Sol del Val cada uno tiene su migraña personal y debe explorarla desde el nuevo marco interpretativo aportado por la neurobiología.
Paradójicamente, los pacientes con más migrañas y más rebeldes a los tratamientos responden mejor. Tienen el trabajo adelantado. Han probado todas las terapias y están ya desencantados. Necesitan algo nuevo, distinto, contrario a lo que hasta ese momento se les ha facilitado.
La racionalización no tiene buena prensa. Nos olvidamos de lo emocional… Siempre hay una persona…
Una emoción es un estado en el que el organismo valora relevancia, trascendencia. El dolor es la expresión del estado emocional más poderoso del organismo: la posibilidad de la muerte celular, la necrosis. El miedo irracional se combate con racionalidad.
– Racionalizo. Pienso en lo aprendido… Sigo con mi tarea…
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