Cerebros

La red neuronal proyecta a la consciencia la idea de un YO único, estable. Nos despertamos y nos reconocemos como el mismo de siempre. No nos encontramos con la sorpresa de ser otro YO. Nada ha cambiado, aparentemente. El YO se oculta y sale como el sol día a día.
Cuando presentamos a los pacientes a su cerebro como co-responsable de sus dolores tienden a imaginar también un único cerebro, estable, como otro YO interno, con el que no tenemos más remedio que convivir y al que debemos hacer entrar en razón. Surge así el diálogo cerebro-YO como si se tratara de una cuestión entre dos sujetos.
Realmente hay muchos YOs y muchos cerebros, uno para cada lugar, momento y circunstancia. Podemos predecir sus conductas específicas para ese aquí y ahora pero esas conductas serán muy distintas en otros episodios.
Uno de los cerebros puede activar el dolor en un contexto y otro evitarlo en distinto escenario aun cuando objetivamente, físicamente, las acciones sean las mismas. Basta cambiar los propósitos y significados para que sintamos o no dolor. Cuestión de cerebros.
– Dice que le duele todo pero el otro día le ví bailando tan ricamente… Mucho morro…
El cerebro alarmista puede imponer su ley al levantarnos y sentirnos molidos pero si se cuela una chufla el cerebro festivo puede encontrar vía libre para desplegar sus programas. Acabado el baile el cerebro catastrofista vuelve a tomar las riendas: ” con que bailando…”
Los pacientes tratan de ver, sin conseguirlo, la coherencia del único cerebro, el hombrecillo interno de personalidad única. Necesitan encarnar al responsable de su sufrimiento, encararse con él de tú a tú, analizar su temperamento, personalidad.
Los cerebros de uno compiten por hacerse con la activación de sus circuitos. Cada neurona proyecta su chismorreo y de ese barullo surge el hilo integrado de todo cuanto se cuchichea. Miles de millones de puntos de conexión se suman y restan para construir cada instantánea de consciencia. Cada punto conectado (sinapsis) actúa como un individuo, trata de facilitar o deprimir su activación a corto, medio y largo plazo.
Cada nueva información modifica los equilibrios de todas esas asambleas neuronales, los chisporroteos que hacen liberar serotoninas, adrenalinas, dopaminas y endorfinas. Nada permanece estable. Las apariencias engañan.
– ¿No me va a dar nada? Así, sólo hablando…
– Le doy información. Es lo que buscan las neuronas. Datos, leyes, doctrinas, marcos para interpretar, predecir, decidir. Una idea puede producir más conmoción neuronal que una pastilla, una aguja o un bisturí.
A veces la información es rechazada en el parlamento neuronal y como consecuencia se refuerzan las tesis previas. Parece que todo sigue igual pero no es así. Se han estrechado los vínculos, los millones de puntos conectados (sinapsis) han gritado al unísono, expresando el rechazo.
– Estoy igual. No me funciona.
Nada sigue igual. Sólo la apariencia. El dolor puede ser el mismo pero las convicciones de la red pueden haberse consolidado en la dirección que pretendemos corregir.
– No me da ninguna solución.
Se ha consolidado la convicción de que existe una perturbación interna que, necesariamente, precisa de una intervención correctora experta.
– Me han dicho que operan la fibromialgia en Zurich y que va bien…
Los circuitos de las terapias han impuesto su ley sobre los que defendían las nuevas tesis de la responsabilidad cerebral del dolor y han salido reforzados. Puede que Zurich esté más cerca…
La información hay que degustarla, masticarla sin excesos y tragarla. Los cerebros harán su competida digestión y la transformarán en nuevos equilibrios de conectividad. Nos enteraremos del resultado final por el comportamiento del dolor.
El individuo tiene que defender lo suyo, su hoja de ruta, sus propósitos para cada día y saberse sano con derecho a sentirse indoloro si no sucede nada extraordinario. Debe coger el coche y conducir con la confianza de no ser multado si no genera accidentes, se salta semáforos en rojo o señales de stop. Debe rebelarse frente al policía probabilístico (bayesiano) que le multa porque aprecia posibilidad de infracción.
– Cincuenta euros. Está el día nublado.
– Doscientos euros. Hace quince días que no le multaba…
Si paga, está perdido. Ir a Zurich es pagar una buena multa a la policía del cuerpo virtual. El cerebro de los caros, exóticos y quirúrgicos remedios habrá impuesto la necesidad de que las acciones del individuo sean esas.
La toma de decisión es la función más disputada en la red. Cada acción conseguida refuerza la conectividad de los circuitos responsables. Muchas victorias aparentes son pan para hoy y hambre para mañana. Eso le importa poco a los circuitos del corto plazo.
– Le doy esta información. Es lo último que sabemos sobre red neuronal y dolor.
– Me ha convencido. Tiene lógica.
– Esperemos a ver la digestión de los cerebros y en qué queda.
No hay mejor revulsivo para la red que un cambio radical de paradigmas. Eso crea un revuelo de citoplasmas, membranas, núcleos, neurotrasmisores, dendritas, sinapsis… todo muy físico y muy químico, tangible en la imaginación.
Los cerebros están ahí librando sus debates con lo que tienen a mano, expectativas y creencias que generan conductas.
Ponga nueva información y todo cambiará aunque, a veces, parezca que todo sigue igual.
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