El cuello

¿Qué está pasando en los cuellos de los sapiens (ma non troppo)?
El cuello es una región del cuerpo llena de articulaciones y pequeños músculos cuya función es la de mirar. Homo sapiens (ma non troppo) es una especie mirona. Los ojos detectan el objeto de interés y lo clavan ágilmente y con extrema precisión sobre las dos máculas retinianas, dos pequeños puntos dotados de alta sensibilidad por su densidad de receptores.
El seguimiento visual (macular) de los objetos de interés se consigue gracias a una compleja coordinación de minimovimientos a múltiples niveles: pupilas, cristalino, órbitas, unión de cráneo-cuello, columna, caderas, rodillas, tobillos y pies. Si el objeto está en nuestra mano se asocian a todo lo anterior más minimovimientos en todas las pequeñas y grandes articulaciones de las extremidades superiores. Si el proceso de seguimiento o monitorización visual se produce mientras andamos, corremos o brincamos la cosa se complica aún más.
Cada vez que el individuo (Don YO) quiere mirar algo el cerebro tiene que organizar los programas de seguimiento visual, integrar todo ese barullo de minimovimientos, aprovechando elasticidades, inercias y la fuerza de la gravedad (sale gratis) y dando pequeños empujoncitos musculares adicionales desde todas las direcciones. Cada orden de activación a un músculo acopla otra de relajación al que ejerce la acción contraria (relájate flexor que se va a contraer el extensor…). Podríamos seguir complicando el proceso analizando la selección de unidades motoras para cada tarea…
Los programas de precisión visual necesitan un cuello libre, lubricado, elástico, confiado. Mirar objetos es tan delicado y complejo en su ejecución como tocar una partitura musical. Los pequeños músculos que mueven los ojos en las órbitas, los que bambolean la cabeza sobe el cuello, los que lo giran, flexionan y extienden son equivalentes a los pequeños músculos de la mano que ejecutan con precisión pasajes musicales o encaje de bolillos.
Con los años van apareciendo limitaciones en el juego articular y en la elasticidad de los tejidos. Cada articulación pierde algo de recorrido y algo de lubricación pero no tiene por qué alterarse la función mirona. Quedan muchos minimovimientos disponibles. Las manos de los ancianos siguen hábiles para hacer música, tejer o teclear un ordenador. Los ojos pueden seguir monitoreando objetos, enfocándolos en las máculas, a veces con la ayuda de correcciones ópticas.
Un cuello libre es un cuello eficaz. Hace mucho y consume poco.
No corren buenos tiempos para los cuellos. Andan amedrentados, con la autoestima por los suelos. Los pequeños músculos, las pequeñas articulaciones, las fuerzas baratas (elasticidad, inercias, gravedad), las órdenes de relajación del oponente, la selección de unidades motoras adecuadas… han perdido protagonismo. Impera un cierto terror. Mirar es peligroso. Se desgasta el cuello, se deforma, pierde calcio, se secan y protruyen los discos, se pinzan los nervios. El cerebro ya no organiza programas para mirar confiado y curioso el mundo sino para evitar que se degrade aún más la estructura.
Los programas defensivos, “protectores”, utilizan grandes músculos, grandes articulaciones, contraen a la vez un músculo y su contrario, generan contracciones sostenidas, almidonadas, en vez de ese baile bullicioso de los pequeños músculos y pequeñas articulaciones.
Mandan las expectativas, los augurios, el pesimismo, las requisas, los cierres de programas, la inhabilitación de lo pequeño.
Los sapiens (m.n.t.) se están quedando sin cuello.
En su lugar tienen “cervicales”…
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