Imagina...

Imagina un cuerpo sin dolor, ligero, articulado, flexible, confiado.
No es difícil. Basta con saber que, probablemente, no hay ningún motivo que justifique el encendido de las alarmas, la penalización, los corsés musculares.
Imagina un cerebro gelatinoso en el que millones de neuronas se conectan a través de hilos de consistencia casi líquida por los que fluyen diminutas señales eléctricas. Sólo hay mensajes, información, memoria, incertidumbre, sueños. No hay moléculas buenas y malas, déficits y excesos. Sólo temores, deseos, aprendizaje, programas, cultura, circuitos, historia del futuro, presente recordado (Edelman).
Imagina ese cerebro en una fortaleza robusta, innacesible, protegida, con todo tipo de barreras para que nada perturbe el trajín neuronal de soñar la realidad presente y futura.
Imagina el interior plácido, sin presión, sin latidos violentos. Agua, casi… sólo agua. El cerebro habita una cápsula con delicadas membranas que tapizan el interior acuático. Es como un feto en el vientre materno, aislado de las perturbaciones del exterior, conectado por los cordones umbilicales de los sentidos.
Imagina que el cuerpo se imagina a sí mismo. Imagina que el cuerpo que te mortifica y llegas a odiar no es como el cerebro y tú creéis. Es ese un cuerpo irreal, virtual, razonablemente sano e inocente, pero está requisado, retenido, condenado sin motivo.
Imagina el cuerpo real, celular, biológico, seleccionado para explorar el mundo y dar con el sustento y cobijo suficiente de cada día.
Imagina un cuerpo animoso, confiado, ávido de movimiento diurno y reposo nocturno, sociable, generoso consigo mismo.
Imagina que no es cierto lo que la incertidumbre enfermiza te ronronea, alentada por los agoreros que hacen mercado de esa incertidumbre.
Imagina que estimas tu interior, tus órganos y tejidos.
Imagina que lo percibido es lo que el cerebro está condenado a soñar.
Imagina que no es posible no imaginar.
Imagina que te cuidas de lo que imaginas. No es difícil si sientes que lo sentido no viene de los sentidos sino de las memorias.
Imagina que pasas página al 2010 y comienza otra historia, otra versión de tu cuerpo y de quien lo sueña…
Feliz y razonablemente imaginado 2011…
Imagine… (John Lennon)
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