Cambiar de hábitos (Libera me, doctor)

Hay mucho dolor. Demasiado. Homo sapiens (ma non troppo) es una especie doliente. Sus carnes y osamenta no soportan el trote físico moderno y la cabeza sufre la sobrepresión del vapor del desasosiego continuo.
El dolor es la consecuencia de un soporte físico frágil, vulnerable, delicado, seleccionado para la vida muelle, paradisíaca y no para los tiempos convulsos a los que nos ha llevado nuestro insaciable cerebro.
Desde que fuimos arrojados del Paraíso por la trivialidad de la manzana quedamos marcados por la fatalidad de ganarnos el pan con el sudor y dolor de la frente. De aquellos polvos vinieron estos lodos. No hay esperanza. Tendrá que ser en otra vida. En esta, la condición humana manda. Habitamos el Valle de los Dolores.
Los sapiens (m.n.t.) no se resignan. Somos de natural rebelde (m.n.t.). Nos hemos negado siempre a aceptar la condición doliente impuesta por la genética blandengue y el desliz del árbol tentador y exploramos todo tipo de argucias para burlar el destino. Enemas, sangrías, sortilegios, musculación, dietas, relajación, meditación, pócimas, hierbas, punciones húmedas y secas, masajes, polienergías, fármacos, ex-moléculas, campos eléctricos y magnéticos, electrodos, prótesis, ortesis, bisturí, omniterapias, holismo, abrazos, risas, llantos…
Todo inútil. Más dolor, si cabe… No le cogemos el pulso al fitness.
Los sanadores andan reunidos. Lo ven peliagudo. El ser humano no da para mucho. Demasiado frágil y demasiado pellejo.
Sapiens (demasiado doliente) ya no confía en sus cuidadores. Les ha perdido la fe. Ya no pide curación. Al menos, alivio… un poco de alivio, por caridad…
– Lo siento. Para esto no tenemos curación. Es usted un enfermo. Es el ser lo que no va bien. No es el adecuado para la vida moderna. Tiene que aceptarlo. Procure bajar el ritmo. Eso producirá alivio. Utilice nuestros fármacos, siga nuestros consejos, visítenos… Podemos hacer mucho por usted pero es usted el primero que tiene que esforzarse…
– Ya me he esforzado. Soy buen padeciente. He llevado una vida monacal. He seguido sus consejos, he tomado sus fármacos, les he visitado regularmente… Todo ha sido inútil…Cada vez duele más veces, con más intensidad y persistencia. Sus fármacos me han abandonado…
– Hacemos lo que podemos y hacemos mucho… Le repito: es usted un migrañoso. Sus hijos también lo son. No podemos cambiar sus genes. Tiene que cambiar sus hábitos…
– Ya no tengo hábitos. Me los han quitado ustedes…
Es inútil pretender curar la migraña o la fibromialgia. No tienen curación. Los médicos curamos algunas enfermedades pero no estamos ante enfermedades, en sentido clásico, sino ante algo peor: una constitución inadecuada para sobrellevar una vida inadecuada en un entorno inadecuado.
Eso dicen… Puede que así sea… si así parece… Soñamos la realidad. Construimos el mundo a medida…
– ¿A medida de qué? ¿De nuestros genes y obligaciones?
– No del todo. También importan las creencias, las expectativas… lo que imaginamos Nuestra genética nos condena a imaginar lo que no vemos. El interior no lo vemos luego estamos condenados a imaginarlo… Los expertos nos ayudan a representar un interior teórico, posible, a veces tremendo…
– ¿Para qué me sirve todo esto?
– Pienso que usted habita un cuerpo razonablemente normal, con un interior razonablemente equilibrado y tranquilo, garantizado. Puede que el problema resida en el cuerpo virtual, no en el real… Los dos pueden hacernos sufrir…
– Bueno, supongamos que el problema radique en el cuerpo virtual. ¿Qué solución tengo? ¿Se cura?
– No… pero puede cambiar la representación virtual de su cuerpo, acercarlo al cuerpo real… liberarlo…
– ¿Me va a dar algo para ser más libre?
– Bueno, la libertad no se concede, se conquista. Exige trabajo, esfuerzo bien dirigido.
– No sé. Hay algo que no me acaba de encajar…
– Quizás sea el miedo a la libertad… todo un clásico de nuestra especie. Tiene que cambiar de hábito. Usted no es un prisionero. En este caso el hábito sí hace al monje…
Comentarios (4)
Los comentarios están cerrados.