Modulación del dolor

Junto a los términos de sabor “cartesiano”: “receptores de dolor” y “vias del dolor”, los textos incluyen habitualmente el término “modulación del dolor”, moderno, chic… pero también “cartesiano”.
El dolor, al sentir de muchos ciudadanos y profesionales, 1) se produce en tejidos mortificados por algún agente o estado nocivo, 2) se detecta por receptores de dolor y 3) se transmite por las vias del dolor. (Se dice, actualmente, que lo hace por dos vías distintas, una rápida si el dolor es agudo y una lenta si es crónico…). 4) Las señales de dolor llegan hasta el cerebro donde se facilita el paso a la consciencia, función exclusiva de la especie humana. (Los animales actúan como si sintieran dolor, pero no lo sienten. No tienen alma. Gritan, huyen, se defienden… pero no sienten dolor. Sus conductas son reflejas, con apariencia de sentimiento, sólo apariencia…). Eso pensaba Descartes y hay animales que piensan también así.
Las “señales de dolor” sufren en su viaje hasta el alma una serie de influencias, mediadas por moléculas mensajeras que se liberan en los puntos de relevo de señal (sinapsis). Hay moléculas que amplifican la señal dolorosa y otras la reducen. Esta facultad de amplificar o inhibir las señales de dolor se denomina habitualmente modulación… La modulación mola.
- Las señales de dolor son moduladas a diversos niveles.
Hay moléculas malas, amplificadoras del dolor. A medida que las vamos conociendo podemos ir ampliando la oferta de analgésicos, moléculas buenas que actúan sobre las señales de dolor y las modulan a la baja.
Son malas las moléculas que detectan el dolor en los tejidos. Ya hemos fichado algunas y podemos aplicarles un modulador. Son también malas las que facilitan la transmisión de las señales dolorosas en la médula espinal. Conocemos algunas y también tenemos para ellas medicina moduladora.
En la aduana del alma las señales de dolor se encuentran con estados psicológicos que son también moduladores. El paso a la consciencia de las señales del dolor puede implicar amplificación o filtrado, inhibición. La atención, la angustia, el desánimo… modulan el dolor. Al final todo es química y podemos antimodular la modulación mala con moléculas moduladoras buenas. Si no basta podemos pedir ayuda a un psicólogo para que module al individuo, sus miedos, su atención, su evaluación catastrofista…
Actualmente podemos también neuromodular con estimuladores eléctricos, campos magnéticos, hipnosis, meditación, cirugía, bótox, punciones, manipulaciones, masajes, homeopatía, remedios naturales, agua cristalina (ocho vasos al día…).
Realmente el término “modular” no tiene nada que ver con lo que se dice que hacen todos los supuestos moduladores del dolor. En telecomunicaciones la modulación permite la protección de la información contenida en la señal al acoplarla a una onda cuyos parámetros (frecuencia, intensidad…) recogen la información y pueden transmitirla con garantía. Hay modulación en frecuencia, en intensidad y otras más complicadas (para mí).
Los nociceptores, es decir, los receptores de nocividad (estímulos mecánicos, térmicos, químicos capaces de destruir tejidos), equivalentes no cartesianos de los inexistentes “receptores de dolor”, modulan sus señales en frecuencia (frecuencia modulada).
Edgar Douglas Adrian descubrió la modulación en frecuencia de las señales nociceptivas: la información sobre intensidad del daño a los tejidos es transmitida por los nociceptores en un código de frecuencia de una señal (potencial de acción) que no varía en intensidad. Sólo frecuencia. A mayor intensidad más frecuencia. Los nociceptores modulan en frecuencia. Recibió por ello el Premio Nobel junto a Sir Charles Sherrington, otro ilustre neurofisiólogo (creador del término nociceptor).
Podemos intervenir sobre las señales nociceptivas, aquellas que contienen información sobre lo que está sucediendo. Podemos sabotear la información haciendo llegar al cerebro una información errónea:
– No te preocupes cerebro, no pasa nada. No es para tanto.
El cerebro adaptará la percepción de dolor a la información que le llega. Podemos cortar los cables de la línea telefónica y hacer pensar que no sucede nada. Desconectar la alarma de un sistema de seguridad. Así, si no suena, estamos seguros. No hay ladrones…
– Es el último grito en sistemas de alarma. Cuando necesite estar tranquilo porque tiene una cena, el sistema se desconecta automáticamente… Aunque le entren a robar, usted ni se entera. Tiene un modulador que le permitirá disfrutar de la cena sin sobresaltos.
La red neuronal integra la evaluación de peligro y decide cuándo, dónde, por qué puede haber amenaza. Recibe información en tiempo real sobre estado de los tejidos. Las señales nociceptivas están moduladas en frecuencia. Según valore la amenaza la red abre y cierra filtros a la información para que circule por uno, varios o todos los caminos. Puede dejar abierto el paso a la corteza somatosensorial y cerrarlo al cerebro límbico. Puede cerrar la comunicación con las áreas del sufrimiento y mantenerla con las que procesan sin emoción las características del daño.
El cerebro cierra y abre canales de transmisión de señal según considere. A veces abre todos los canales de la alarma: los que permiten la transmisión de señal nociceptiva y, también, el canal con el individuo consciente. Por orden libera sustancias sensibilizadoras en los tejidos amenazados. Los estímulos irrelevantes generan así señal de daño que encuentra el camino libre hasta la consciencia, abierta de par en par. Todo el sistema nociceptivo resuena y se retroalimenta positivamente. El dolor puede alcanzar el límite de la saturación.
– ¿Qué hace que el cerebro active el botón rojo?
– Lo que está “escrito” en los sistemas de memoria de futuro…
El cerebro predice. Puede equivocarse pero si no sabe que está equivocado aplica el error hasta el límite.
– ¿No hay nada para “modular” los errores?
– Pedagogía somática, Biología, Neurociencia… No se me ocurre otra cosa…
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