Información autocrina, paracrina y endocrina

La información
Un organismo es una “república de células” (Jesús Mosterin), un recinto protegido en el que viven individuos celulares (ciudadanos), desarrollando tareas específicas a cambio de cobijo, seguridad, alimentos.
Cada individuo celular sigue teniendo pretensiones egoístas de reproducirse sin límite, al margen de las condiciones exigidas por el equilibrio global. Si esa tendencia no estuviera regulada, el organismo se convertiría en algo monstruoso, sin sentido y sin posibilidades de supervivencia. El cáncer es la consecuencia de la reproducción egoista, descontrolada, de la tendencia al individualismo asocial de las células.
En la república celular prima la información abierta. Todos los procesos liberan información. Cada célula libera al exterior moléculas que informan a la propia célula de su estado y modifican, regulan su actividad. La célula autosegrega mensajes hacia sí misma. Tiene autocrinidad. Hay un diálogo continuo del interior de la célula con su exterior.
La actividad de cada individuo celular influye además de sobre sí mismo (autocrinidad) sobre sus vecinos. Nada de uno es indiferente para los cercanos, comprometidos en tareas y objetivos comunes. Hay información accesible a individuos próximos. Es la información paracrina. También implica diálogo bidireccional entre un individuo y sus vecinos.
Finalmente los tejidos vierten mensajes que pasan a la corriente sanguínea y generan mensajes que afectan a individuos a distancia. Información endocrina. Hay glándulas especializadas en liberar mensajes endocrinos. Son las clásicas glándulas endocrinas: tiroides, ovarios, hipófisis… Las glándulas endocrinas no liberan mensajes a su aire sino previa orden de centros especializados en evaluar la situación global del organismo. El cerebro es el centro que libera órdenes a las glándulas endocrinas. Podría ser considerado como una superglándula endocrina. También existe un diálogo bidireccional entre lo que el cerebro dispone y lo que las glándulas ejecutan.
Los mensajes químicos (autocrinos, paracrinos y endocrinos) regulan el comportamiento somático interno pero también influyen en la conducta del individuo. Este se convierte en una especie de supercélula que está influido por la información generada por su propio organismo.
La consciencia
El ámbito de recepción de los mensajes en el individuo es la consciencia. La información cerebral se proyecta en esa misteriosa pantalla en forma de percepciones, estados emocionales, cogniciones y acciones. Es lo que conforma el mundo del YO, lo que sentimos, pensamos y hacemos o deshacemos. También hay diálogo bidireccional continuo entre el cerebro (como representante de los intereses del organismo) y el individuo. Tal como sucede con la célula individual que dialoga consigo misma, con sus vecinas y con los órganos rectores centrales, el individuo dialoga consigo mismo, con sus vecinos y con los órganos centrales sociales.
El diálogo con uno mismo, el ronroneo mental es un ir y venir de mensajes entre el cerebro y la consciencia. Cada mensaje cerebral se convierte en un automensaje al aflorar a la consciencia (reentrada). Del interior del organismo sólo sabemos a través de lo que sentimos y pensamos y lo que nos dicen los expertos en interior, los evaluadores externos.
La información es el conjunto de mensajes que fluyen bidireccionalmente en todos los ámbitos: celular, vecindario, organismo, cerebro, individuo, vecindario, expertos, cultura…
El dolor
El dolor es la consecuencia, a veces, de los mensajes vertidos por células destruidas violentamente en un lugar del organismo y, otras, por la información vertida por expertos, por la cultura.
No hay ninguna información fiable. Una simple célula puede liberar falsa información a sí misma, hacia las vecinas o a los órganos centrales. Los órganos centrales pueden liberar información errónea, órdenes equivocadas, evaluaciones erróneas… La supervivencia depende de un complejo equilibrio, rebosante de conflicto de intereses y pulsiones entre los diversos planos, desde el unicelular al social.
– Me duele
– No tiene usted nada
”…Descubren una proteína responsable de generar “señales de dolor”. Ello abre la posibilidad de nuevos fármacos…”
Cada vez que modificamos manu militari un componente interno todo el delicado equilibrio de mensajes se tambalea y se reorganiza. El resultado final es impredecible.
– Me han dicho que tengo baja la serotonina. Me han dado un medicamento que la sube…
La serotonina es un mensajero. Si anda baja no es por una insuficiencia de una supuesta glándula que debe fabricarla, sino porque la información operante en el sistema expresa una decisión que incluye una serotonina baja.
– Todo esto es muy complejo… ¿No me puede dar una explicación más sencilla?
– No
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