El cerebro no procesa el dolor

“…en el dolor crónico existe un mal procesamiento del dolor en el cerebro…”
“…el cerebro amplifica el dolor…”
Vamos a ver… El cerebro no procesa ningún dolor, ninguna visión ni ningún sonido. Nada de cuanto sentimos es el resultado de un procesamiento cerebral de una sensación que le llega en una especie de miniatura, ya conformada. El cerebro evalúa peligro, protege, es decir: procesa información referida a probabilidades de sucesos amenazantes en cada escenario, en cada acción prevista por el individuo. Esta información contiene:
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datos sensoriales sobre variaciones energéticas (mecánicas, térmicas, electromagnéticas, biológicas, químicas) externas e internas. Son datos actuales del tiempo-espacio que ocupa el individuo.
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evaluaciones probabilísticas de los sistemas de memoria de futuro, conocimiento sobre el comportamiento probable de la realidad, según creencias y expectativas.
El procesamiento integrado de datos sensoriales y predicciones genera lo que percibimos, por ejemplo, el dolor.
– Me duele “la columna”…
No podemos deducir que en ese instante está surgiendo de la columna un flujo de “señales de dolor”, como resultado de un supuesto estrés mecánico actuando sobre estructuras sensibilizadas por “la inflamación”. Tampoco podemos sugerir que estas “señales de dolor” son procesadas por un cerebro alarmista tocado por traumas físicos y emocionales pasados y futuros.
Podemos asegurar (y debemos hacerlo siempre así) que si nos duele aquí y ahora el cerebro está proyectando una evaluación de amenaza en la zona dolorida como resultado de toda la información, sensorial y cognitiva, disponible.
– Ando con lumbago…
Es inevitable que alguna amistad comente sus dolores… Me resulta complicado no entrar al trapo.
– El dolor no surge de la columna sino del cerebro…
Demasiado tarde para recular. Ya queda dicho y… a lo dicho, pecho o, más bien, cabeza.
– O sea que es psicológico…
Comienza el diálogo de besugos, cada uno en su mundo. El padeciente en el de la certeza del sufrimiento y yo en el de la certeza de lo que sabemos sobre qué es una percepción…
La mayoría de los artículos sobre dolor sostiene, machaconamente, cartesianamente, que en los casos en los que no parece haber mucho “desgaste” en las columnas o estreses en la cabeza (“dolor psicológico”), el dolor aparece porque el cerebro lo procesa anómalamente, amplificadamente. Tal es la propuesta, por ejemplo, en la fibromialgia.
Se sugiere que el dolor surge de tejidos mortificados en el pasado por traumas y cargas físicas (“he trabajado mucho, he cogido muchos pesos, los años no pasan en balde…”), emociones silenciadas o diversos cúmulos de circunstancias psiconeuroinmunoendocrinológicas. Las “señales de dolor” de columnas maltratadas y músculos contracturados (el “dolorcillo inicial”) viajan hacia el cerebro en forma de señales eléctricas, haciendo relevo en diversos puntos de conexión (sinapsis).
Ya comienzan los problemas del mal procesamiento en la primera conexión, en la médula espinal (asta posterior). Las señales dolorosas del pasado han dejado a ese nivel una huella indeleble y se produce un empujoncito al minidolor surgido de los tejidos. Desde la médula el minidolor miniamplificado sigue ascendiendo por diversos centros de procesamiento en los que volverá a ser miniamplificado hasta llegar a la central de la gran amplificación, el cerebro.
– Me duele todo, siempre… mucho…
– No tienes nada.
– ¿Y eso?
– Es el cerebro. Procesa mal las “señales de dolor”, las amplifica.
Según el Preformacionismo los embriones estaban ya preformados, para unos en los espermatozoides y para otros en el óvulo. Ya sólo quedaba aumentar el tamaño.
El Preformacionismo también se aplica al dolor. Todo dolor, al parecer de los preformacionistas, sale preformado de los tejidos y para aflorar a la conciencia debe someterse a un proceso de amplificación variable. Si el amplificador cerebral está por dar volumen, el dolor se hace inmenso, monstruoso, gigantesco…
Los espermatozoides existen, los óvulos también. Hasta llegar a un recién nacido hace falta algo más: básicamente un organismo materno.
Las señales sensoriales existen. Los tejidos las generan incesantemente. Las estaciones de procesamiento de esas señales también existen. Pueden amplificarlas o filtrarlas, silenciarlas. El cerebro también existe. Es donde se procesan esas señales… junto a todo el conocimiento adquirido.
El cerebro, el circuito córticotalámico, funde señales y cogniciones y las convierte en microconsciencias, puntos espaciotemporales de percepción. Cada uno de ellos contribuye a generar un punto de dolor, sentido en un punto del espacio corporal, en un instante fugaz.
– Me duele. Mi circuito córticotalámico me está proyectando en la pantalla lumbar una peli de terror…
– Eso está mejor…
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