Información sobre dolor crónico.

He estado ojeando varios artículos de divulgación sobre dolor crónico. La sensación es penosa.
Todos dan por sentado que el dolor se genera en el lugar donde duele, tal como sugirió, erróneamente, Descartes.
Se da por sentado que el dolor crónico sigue a un proceso agudo. El cerebro no apagaría el programa, sensibilizado por el bombardeo de “señales de dolor” de la fase aguda desde los tejidos dañados, aunque estos ya estuvieran reparados.
La sensibilización tendría el corazón del círculo vicioso en la médula espinal (asta posterior), el lugar donde se produce el primer relevo de tráfico de las “señales dolorosas”.
El cerebro tendría un papel pasivo. Recibiría señales anómalas de dolor, provenientes de tejidos previamente dañados y podría complicarlo aun más todo aportando un estilo de afrontamiento inadecuado, catastrofista. El cerebro sería un “amplificador del dolor”.
El tratamiento, por supuesto, multidisciplinar, con un ejército variopinto de profesionales instruidos todos ellos en el modelo cartesiano. El objetivo:
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bloquear las señales de dolor en los nervios del dolor con fármacos antidolor
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fisioterapia, ejercicio, masajes, relajación… para descontracturar músculos
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ayuda psicológica para sobrellevar el sufrimiento y asumir la condición de enfermedad
Si no va bien la propuesta oficial, clásica, se admiten prácticas alternativas, también cartesianas.
Del cerebro, sistemas de memoria, cultura… ni palabra. Sólo la simpleza de la amplificación. Los cables del dolor generan ruidos y hay cerebros que ponen el volumen alto. El volumen es el equivalente al catastrofismo del padeciente, la importancia que este le dé al hecho de ser un dolorido, cómo lo lleva, si se deja intimidar…
El dolor crónico ES (OMS dixit) una enfermedad que uno debe asumir como los diabéticos deben asumir que son diabéticos.
No falta la promesa de los fármacos a la vuelta de la esquina con Linda Watkins (reciente premiada con el Príncipe de Asturias) a la cabeza de los prometedores.
Da la impresión de que con todo lo que la Medicina hace por los padecientes si la cosa va mal es porque estos no están a la altura de los dramáticos y espectaculares avances producidos en la Ciencia del dolor. Ya se sabe, siempre hay conflictos emocionales ocultos y silenciados que se expresan erróneamente a través del dolor por estar cerrado el camino natural de su expresión pública (somatización, psicosomaticidad).
En definitiva el error reside en los tejidos y en el individuo. Los profesionales, los instructores, los animadores de creencias y expectativas disfuncionales son inocentes y abnegados combatientes en la lucha contra el dolor.
El padeciente debe echarse una manita con un ´talante adecuado, animoso. Prohibido deprimirse. Si uno sucumbe, el dolor coge nuevos bríos y la situación sufre una transmutación. Ya no estará deprimido porque duele sino lo contrario: dolerá porque está uno deprimido.
¿Hasta cuándo seguirá todo igual?
Soy optimista respecto al presente de cara al futuro y pesimista respecto al futuro. Todo puede empeorar aún más…
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