Recelo

La red neuronal es de natural recelosa. Todo puede resultar nocivo y no siempre a la nocividad se le ve el plumero. Lo relevante está, en muchas ocasiones, integrado, oculto, en una pasta densa de irrelevancia. La señal está mezclada siempre con ruido, la mena con la ganga, el grano con la paja.
Al cerebro de los sapiens (ma non troppo) le gusta procesarlo todo, rumiarlo una y otra vez para dar con alguna clave, una regularidad, que permita destapar relevancias ocultas.
– Apunte en un diario los días que tiene dolor de cabeza, cuándo, dónde y cuánto… junto a lo que come, lo que hace, lo que piensa… Así podemos descubrir lo que le afecta.
El cerebro no necesita los diarios del individuo consciente. Sus sistemas de memoria retienen todo cuanto rodea a los eventos significativos para rumiarlo. El cerebro es un enorme diario que anota minuciosamente los sucesos del pasado, presente y futuro.
Cuando sucede algo aversivo todo cuanto rodea al evento queda tocado por la sospecha y es investigado bajo la premisa de que mientras no se demuestre lo contrario todo puede ser responsable. La inocencia hay que demostrarla. La culpabilidad potencial se da por sabida.
El proceso de desvelar culpas está tutelado por los expertos. Cada uno tiene su tesis y empeño en buscarlas en un coto determinado.
– Me duele.
– Es el estrés…
– Sinusitis
– Necesita gafas
– La articulación témporomandibular
– Las cervicales
– Los puntos gatillo
– La alimentación
– La contaminación
– La vesícula…
Antaño se consideraba que la migraña era cosa de la vesícula, de sus bilis. Migraña biliar. El padeciente echaba las bilis y hasta los hígados y eso hacía pensar que podía haber piedras en la vesícula…
– Hay que operar…
Los dientes tuvieron también su protagonismo
– Pueden ser los dientes. Los quitamos y vemos…
– Me sigue doliendo
– Pues no, no son los dientes…
En las mujeres el recelo caía sobre sus hormonas
– Los ovarios. Pueden ser los ovarios. Puede que tenga quistes…
Los ovarios acostumbran a tener quistes en diversas fases de evolución…
– Efectivamente, su ovario tenía quistes. Le hemos quitado un buen trozo, el que tenía los quistes más gordos…
En plena efervescencia del origen vascular (“cefalea vascular”) una arteria temporal prominente sobre la sien invitaba a la intervención.
– Tiene la arteria inflamada. Hay que extirparla.
Los niños iniciaban su curriculum de dolor sin daño muchas veces por las tripas. Una y otra vez aparecía el temido sonsonete…
– Me duele la tripa… Voy a vomitar…
El misterio lo desvelaba muchas veces un cirujano vidente
– Va a ser el apéndice. Hay que operar.
…
– Ya no ha vuelto a quejarse.
– Tenía apendicitis crónica. El apéndice estaba rojo, inflamado.
Antaño los apéndices se tiraban… hasta que se ordenó su análisis anatomopatológico que, en estos casos invariablemente decía
Apéndice normal.
Ya no hay apendicitis crónica… con lo que fue en su tiempo…
Hay modas, preferencias, empeños, cabezonerías
Ahora la cosa está disputada. El pastel de las causas está muy repartido. El organismo y quien lo habita está bajo sospecha. El individuo se ha vuelto receloso
– YO algo tengo que tener o hacer mal o tuve o hice mal…
La migraña es una enfermedad cerebral congénita, de por vida, sostienen los neurólogos.
– Es usted un migrañoso. No malgaste los empeños en negarlo. Asúmalo, renuncie a la buena vida y acepte la mala, la de las privaciones. Aquí le doy la lista de lo que debe evitar tomar y hacer y lo que no debe dejar de hacer y tomar…
Recele… hágame caso. Aproveche su condición sapiens (m.n.t.) y recele de los receladores…
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