Lo emocional y lo racional

Una objección habitual al modelo pedagógico propuesto en el blog (know pain, no pain) es la de que es un modelo racionalista, frío, desprovisto de emoción. Se supone que el dolor guarda en sus tripas condimentos emocionales de muchos orígenes y que la pedagogía sobre neuronas los dejará tal como estaban por lo que el fracaso estará servido en muchos casos al haberse desatendido los “factores emocionales”.
– Una persona es algo más que un cerebro…
En mi opinión algo emocionante es algo a lo que se atribuye relevancia y que, por tanto, pro-mueve una acción del individuo.
La relevancia la dan los hechos consumados: alguien grita…
– ¡Fuego!
Nótese que no hace falta que haya realmente fuego. Un “gracioso” puede generar un estado emocional de pánico en un local simplemente con dar el grito de alarma aun cuando no exista ningún peligro real.
Si el gracioso monta el número todos los días el grito dejará de ser emocionante. Ya no se le atribuye relevancia, confidencia, credibilidad.
La destrucción violenta de células (necrosis) es un hecho equivalente a la destrucción violenta de personas.
Los sistemas de vigilancia pueden dar la alarma:
– ¡Necrosis!
Al instante se produce una respuesta somática cuyo objetivo es la protección de las células vecinas, la retirada de los peligrosos restos necróticos y la reparación del destrozo. La respuesta defensiva se denomina inflamación y gracias a ella sobrevivimos a las múltiples incidencias necróticas (heridas, infecciones, quemaduras…)
Nótese que la voz de alarma puede producirse en ausencia de necrosis, en este caso no por “un gracioso” (no conozco nada en el organismo que se ajuste a ese concepto) sino por una evaluación temerosa, catastrofista, en cualquier lugar, momento o circunstancia sin relevancia:
– ¡Necrosis!
La voz puede haber surgido al acercarse a un balcón, a un ascensor, a un avión, a una araña, a un ratón o a un plato con setas…
El organismo, a través del cerebro, ha evaluado peligro y ha provocado la respuesta emocional somática de pánico que impide acercarse al objeto “peligroso”.
La evitación del escenario disuelve la emoción a costa de una acción irracional. Perdemos emotividad pero ganamos irracionalidad.
Imaginemos ahora que existe información confusa sobre balcones, arañas, ratones, comidas… que les atribuye incertidumbre, les quita fiabilidad…
La incertidumbre provocará respuestas emocionales de evitación en individuos que, en ausencia de dicha información, entrarían en los ascensores sin temor, sin emoción, con la fría racionalidad de saber que son seguros…
El lamentable estado de incertidumbre, generador de síntomas emocionales en ascensores en un sector de los usuarios, daría lugar a todo un variopinto ejército de expertos que propondrían explicaciones para los síntomas y remedios para aliviarlos.
– ¿Por qué me siento mal al subir a un ascensor?
– Es genético. Debe evitar subirse al ascensor o si lo hace tómese estos calmantes…
El cerebro activa voces de alarma injustificadas, catastrofistas, no porque guste de reirse con el pánico provocado en el individuo sino porque aprende a dar voces de alarma, por sucesos necróticos propios y ajenos, y por instrucción de expertos de todo pelaje y condición.
La incertidumbre sobre necrosis interna se combate con información que la elimine.
Tener certezas no es fácil. Podemos entrar en un ascensor defectuoso, friamente, sin emoción, sin saberlo, y necrosarnos pero también podemos emocionarnos cada vez que entramos y marcamos el piso 50 y pasarlas canutas, emocionados por la evaluación irracional de peligrosidad.
– Evite los ascensores si nota palpitaciones y ahogo.
– ¿Por qué me sucede a mí y no a otros…?
– Ya le he dicho… es genético… Evítelos.
– Los necesito…Trabajo en el piso 50…
Los síntomas expresan la evaluación probabilística cerebral.
– Tengo la corazonada de que va a tocar este número. He comprado toda la serie…
Es peligroso dejar de lado la emoción pero también lo es dejarse llevar por ella. En los temas que nos ocupan en el blog sobra emoción y falta racionalidad…
Know pain, no pain… esa es mi opinión…
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