Biología y cultura

Vivir, sobrevivir, es decidir y acertar en la decisión.
El ámbito de la toma de decisión tiene una complejidad variable según las especies. La complejidad de la decisión se correlaciona con la complejidad de la red neuronal.
Las plantas no deciden. No tienen neuronas.
Los animales herbívoros no migratorios apenas se mueven del pastizal. Tampoco se hacen muchas cábalas. Rumian comida de escasa calidad, no ideas.
Los animales carnívoros, cazadores, rumian estrategias. Su comida se mueve, huye, se defiende y no es fácil decidir dónde y cuándo decide uno cobrar la presa.
Homo sapiens (ma non troppo) tiene una red neuronal compleja. Es omnívoro pues no es muy buen cazador y tiene que tirar de tubérculos, raíces, hojas, insectos, miel y alguna que otra carroña. Bueno, eso era antes, cuando aún no disponía de cultivos y ganado, supermercados y barcos de pesca, escopetas, tractores y redes.
La cultura, el conocimiento acumulado por el trabajo en equipo, ha modificado el ámbito de las decisiones. Las necesidades básicas (sustento, amparo social y cobijo) están más o menos cubiertas y la incertidumbre se ha desplazado a otros escenarios como la interacción social, la estima del grupo o… el interior, su condición saludable o enferma.
Los sapiens residimos en hábitats garantistas con todo a menos de cien metros pero hemos perdido la confianza en el entorno interno, el que habitan las células.
La cultura nos ha dado seguridad, probabilidad de supervivencia, senilidad, pero también zozobra, desasosiego sobre todo tipo de sucesos internos teóricamente posibles.
Andamos doloridos, cansados y desanimados sin motivo aparente. Rumiamos una papilla de pasado, presente y futuro para dar con las claves de los errores propios y ajenos. Imaginamos tejidos degradados, mal reparados, sobrealimentados, sobrecargados, estresados, agotados, intoxicados, atacados por enfermedades misteriosas indetectables…
El dolor es el indicador fiable de cuanto sucede. ¿Duele? Algo va mal. ¿NO duele? Todo en orden.
Si duele, algo sucedió o hicimos que no debió suceder o debimos hacer. La mala suerte y el error en las decisiones propias y ajenas, la vida que estamos obligados a llevar…
Los sapiens (m.n.t.) doloridos, cansados y desanimados se sienten indefensos. Hagan lo que hagan no va a cambiar su condición padeciente. Su organismo está tocado por genes inadecuados para la vida moderna, traumas, emociones, excesos y carencias. Su sistema psiconeuroinmunendocrinológico no acierta a regularse, anda sin rumbo ni medida.
¿Para qué tanta neurona? Sólo sirve para rumiar penosidades, reforzar la convicción de enfermedad sin solución.
Ya sólo queda conseguir la dignidad del buen padeciente, la de quien lo sobrelleva con entereza, con una sonrisa al otro para no perturbar su condición saludable.
Duele… luego existo, sentencian los sapiens (m.n.t.). “Si un día te levantas y no te duele nada, es que estás muerto…” “Son los años. ¿qué quieres?” “Los huesos”… “la espalda”, “las cervicales”, “la cabeza”… No hay región corporal que no esté tocada por el dolor. No hace falta que suceda nada especial. Ninguna violencia física ni química es necesaria. Basta que cambie el tiempo o la conjunción astral no sea favorable…
Los sapiens (m.n.t.) andan descarriados. Necesitan escolarizarse en buenos modos vitales, escuelas de salud, escuelas de espalda, talleres para el estrés…
-¿Escuelas neuronales? ¿Qué es eso?
– Escuelas para concienciar de la importancia del cerebro en la gestión de la percepción corporal… El dolor no es un indicador fiable de la salud corporal. Sólo indica lo que el cerebro piensa sobre el estado del organismo. Si duele puede que el cerebro sea un malpensado, esté equivocado. Necesita ir a la escuela de cerebro… a corregir errores de bulto…
– Ya… psicológico…
– No, neuronal, cultural, biológico, humano, muy humano…
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