Hiperexcitabilidad

Hay acuerdo general en que el cerebro generador de migrañas es hiperexcitable. Responde de forma más sensible a los estímulos. Necesita menos intensidad para generar respuesta.
Es lógico pensar que esta condición hiperexcitable pueda ser recibida genéticamente. También resulta razonable considerar la posibilidad de que el entorno, el estilo de vida, genere excitabilidad, bombardeo de estímulos, luces, sonidos. ¿Por qué no aceptar también la responsabilidad de las prisas, el estrés, el pluriempleo, la incertidumbre, el desánimo…?
No resulta tan fácil explicar por qué todo ello lleva a que se enciendan programas seleccionados a lo largo de la Evolución para detectar estados y agentes capaces de destruir violentamente los tejidos, es decir, estados mecánicos (compresiones, desgarros), térmicos (quemaduras, congelaciones), químicos (falta de oxígeno, ácidos, corrosiones) y biológicos (infecciones).
Los expertos se quedan tan anchos diciéndonos que los cerebros hiperexcitables adquieren esa condición por obra y gracia de la genética de los cerebros excitables y por “el estrés de la vida moderna” pero no dan detalles sobre los mecanismos que enlazan todos esos desasosiegos con el encendido del dolor.
La mayoría de los padecientes dan por buena, al inicio, la explicación de los genes excitables y los excitantes pero van dejando de creer en ella a medida que van comprobando que no hay una correlación entre lo que hacen y la migraña. La vida monacal autoimpuesta por miedo a las crisis no las modifica.
No se entiende tampoco por qué todo este desasosiego neuronal generado por circuitos hipersensibles y el bombardeo de estímulos active el programa dolor, justo en la cabeza. Aplicando una lectura biológica al hecho ello querría decir que en todo este maremagnum de estreses, estímulos, y transgresiones sólo la cabeza corre peligro.
El interior del cráneo, el cerebro, es el lugar más protegido del cuerpo. Piel, músculo, hueso, meninges, líquido cefaloraquídeo, barrera hematoencefálica… y finalmente neuronas con la red de la glía (células que se encargan de mantener unas condiciones estables de excitabilidad).
Los expertos ven similitudes de la migraña con la epilepsia. Al fin y al cabo en ambos casos se trata de una cuestión de neuronas hiperexcitables. Aristides Leao, sin embargo, no encontró esa similitud sino todo lo contrario: el apagón de la actividad eléctrica neuronal.
El cerebro hiperexcitable convierte su condición en miedo a ser destruido por estados y agentes internos y externos, por chocolates, quesos curados, variaciones meteorológicas, cambios hormonales, incertidumbres económicas, conflictos de pareja o cualquier condición consustancial a la vida…
El cerebro migrañoso teme por su integridad. ¿Por qué si es el más protegido y mimado por la Biología?
El sistema nervioso central (cerebro, troncoencéfalo y médula) es valioso. Está protegido por múltiples barreras. Trabaja con garantías de seguridad de todo tipo en un robusto caparazón óseo.
Cuanto más se tiene más se quiere… No hay modo de evitar que salten las alarmas del miedo a la necrosis…
Nacemos con miedo y aprendemos a moderarlo o avivarlo por experiencia (propia y ajena) e instrucción experta.
Los cerebros migrañosos ¿nacen o se hacen?
¿Se puede aprender a ser migrañoso?
¿Influye la cultura?
Interesantes cuestiones…
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