Cambio de paradigmas

El dolor erróneo, fóbico, innecesario, injustificado… surge de un cerebro instruido en la idea de que el organismo es vulnerable y sensible, por genética y por el mal trato psicofísico al que le hemos sometido. Por si no fuera suficiente algunos añaden una supuesta condición tóxicoinfecciosa ambiental que perturba el quehacer de todos los sistemas celulares. Un poco o un mucho de todo ello da para explicar la pandemia de sufrimiento que azota a los sapiens (ma non troppo) en estos tiempos convulsos dominados por el estrés…
El cerebro está tocado por el bombardeo de estímulos provenientes de tejidos y almas atormentadas y acaba procesando mal la información. Se vuelve sensiblero y lo transforma todo en dolor, cansancio y desánimo, es decir, en miedo y catastrofismo.
La información es, por supuesto, excelente, aun siendo variopinta y, por tanto, contradictoria. La multiculturalidad permite bendecirlo todo. La Medicina “científica” se muestra condescendiente con las prácticas alternativas, con las agujas, los productos homeopáticos, los remedios naturales, las meditaciones, relajaciones y multiterapias segura de sí misma con los espectaculares avances de la Biología molecular.
Puede que la información, en todo caso, aun siendo excelente, sea escasa. El ciudadano no conoce lo que se pierde, lo que ofrecen los expertos, sus consejos y remedios. Hay que promover campañas, disponer de fondos, concienciar, sensibilizar… amedrentar.
La información sobre organismo campa a sus anchas. Todo vale. No hay control de calidad. Abundan las falacias, la publicidad engañosa, las promesas de nuevos fármacos, las nuevas vías abiertas con el descubrimiento de nuevos genes de poco pelo.
Al cerebro no le afectan los bombardeos de estímulos, a los pies las caminatas ni a las manos las manualidades. El cerebro procesa lo que recibe, lo ordena, busca asociaciones, causas para los efectos, señales, errores y aciertos. Propone y dispone en función de lo que considera debe ser adquirido o evitado.
Las decisiones cerebrales contienen la sensatez o insensatez de lo que se le instruye. Si todo lo convierte en dolor es porque considera que todo es amenazante y si considera que todo es amenazante es porque así ha sido informado.
El paradigma vigente, políticamente correcto, de un cerebro hipersensible por genética y maltrato que procesa mal la información que recibe de los tejidos no se sustenta desde la Biología. El cerebro de los sapiens (m.n.t.) se adapta a lo que le echen. Ese es el problema. Lo que le llega es información, una determinada información. De esa información surgen expectativas y creencias que marcan el paso a las conductas, a los rituales de evitación, en temas de salud-enfermedad.
Tal como sugiere Sol del Val deberíamos:
– Reprocesar la información, cambiar los viejos paradigmas por conocimiento nuevo.
El reprocesamiento consiste en quitar peso de verdad a todos los tópicos sobre dolor, vulnerabilidad psicofísica y mala conducta y en su lugar devolver la autoestima al organismo, liberarlo de la teoría de su supuesta condición malsana.
El nuevo paradigma reza: el cerebro procesa rigurosamente la información que provee la cultura. Si de ello se deriva dolor sin propósito es porque la información es un despropósito…
Homo sapiens (m.n.t.) es un animal domesticado por el superorganismo de la cultura…
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