"Algo terrible va a suceder si no hago algo"

Una crisis de migraña contiene la estructura de las fobias. El cerebro activa la alerta por previsión de un suceso nocivo en la cabeza y fuerza con sus programas perceptivos (dolor, intolerancia sensorial y digestiva) a una conducta defensiva por parte del individuo.
“Algo terrible va a suceder…”
La previsión, la alarma, no tiene sentido. Es una posibilidad teórica de la red neuronal, “un ejército de idiotas celulares” que procesa ciegamente datos y genera salidas que activan programas emocionales, perceptivos y conductuales.
Homo sapiens (ma non troppo) es una especie imaginativa. Habita un mundo virtual. Especula sobre los sucesos. Anticipa. Sabe que todo lo terrible es posible. Sabe que existen las enfermedades, la muerte, el sufrimiento. Ha visto, desde niño, sufrir a sus congéneres, quejarse de dolores…
Homo sapiens (m.n.t.) es una especie empática, imitativa. Comparte emociones. Reproduce en sus circuitos percepciones, emociones y acciones ajenas cuando las observa y/o rememora…
Homo sapiens (m.n.t.) es una especie escolarizada, advertida, alertada, informada de los sucesos terribles posibles… (¡bájate de ahí que te puedes caer, partirte la crisma, abrirte la cabeza, matarte..!)…
El cerebro humano toma nota de cuanto sucede, observa y escucha y lo somete a consideración, a la luz de la consciencia y en los sótanos subconscientes. Todo influye en todo (mientras no se demuestre lo contrario) a la hora de buscar asociaciones. Todo puede contener la propiedad oculta del perjuicio.
Homo sapiens (m.n.t.) desconfía de sí mismo, de todas sus rutinas, de todo cuanto le rodea. Sus tutores tampoco se fían y refuerzan con sus advertencias las tesis alarmistas…
No sorprende que el cerebro de los sapiens (m.n.t.) cultive miedos irracionales, fobias, desde su más tierna infancia.
”… si no hago algo”
El miedo exige una acción liberadora. Huir, prepararse para luchar, refugiarse, quedarse bloqueado…
El miedo a los sucesos internos activa la respuesta purificadora, el recelo a probar comida, potencialmente tóxica, irracionalmente tóxica, o incluso a eliminarla con el vómito. La acción solicitada por el miedo en la migraña es la inacción, la suspensión de los programas del individuo, el ordenador, el viaje, la cena de Navidad… El cerebro convierte el exterior en algo hostil. Convierte en dolor luces, sonidos y olores.
Los expertos han instruido al cerebro a solicitar el plus de la terapia, el apoyo solidario de los cuidadores, el “calmante”, el paño frío apretando las sienes, la aspirina, el ibuprofeno, la triptanita, “algo en vena”…
El miedo es desconfiado e insaciable y solicita cada vez más acciones calmantes, más dosis y novedad de fármacos…
El padeciente migrañoso está atrapado en la estructura del miedo irracional con su exigencia de rituales que lo sosieguen. Una y otra vez, con o sin circunstancias desencadenantes, saltan los programas de consideración irracional de la amenaza (nocebo) exigiendo el ritual tranquilizador (placebo).
Los expertos alimentan el miedo a todo menos a sí mismos. Es más, cultivan el miedo a su ausencia. Adoctrinan a los ciudadanos en la necesidad de su presencia experta, especializada.
– Mándeme al especialista…
El especialista oficia con sus diagnósticos cerrando el círculo de la desesperanza:
– Es usted un migrañoso. La migraña es una enfermedad cerebral crónica. Tiene que cuidarse. De otro modo podría hasta tener infartos cerebrales en el futuro…
– Me deja usted muy preocupada…
– No se preocupe. Tenemos “calmantes”…
Es una fórmula extraña: avivar el fuego antes de proceder a apagarlo, calentar el agua del vaso antes de echar el hielo…
Al cerebro sólo se le calma desactivando el miedo irracional, educándole en la racionalidad, situando los peligros allá donde realmente están…
– La migraña surge de un cerebro hipocondríaco, alarmista, fóbico, adicto a las terapias y rituales…
– Ya, pero… ¿qué hago cuando me duele…? ¿Cruzo los dedos?
– Un corte de mangas a sus programas alarmistas… Es lo más contundente.
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